FIRMAS Juan Velarde

‘Bonidoso’. Por Juan Velarde

Que José Bono es un personaje frívolo ya no supone ninguna novedad. El político castellano manchego ha hecho acopio de su mejor repertorio para demostrar a la sociedad que todo se la trae al fresco, que a él no le importa una higa que España esté al borde de una intervención, que haya casi de seis millones de parados, que los comedores sociales de Cáritas no den abasto, que las peleas en los contenedores que están frente a los grandes supermercados suelen ser de órdago. Él, el señor Bono, sólo quiere presumir de su patrimonio porque siempre le ha perdido esa vanidad de la que nunca ha tenido rubor de reconocer que lleva a gala.

Lo cierto es que, sin entrar a arremeter demasiado contra los compañeros de Vanity Fair, entre otras razones por esa máxima de que perro no come carne de perro, la entrevista que le hacen en esa revista de moda y estilo supone todo un monumento y homenaje-masaje a lo que nunca debiera ser la estampa de un político o ex político, alguien que, de manera indirecta, está lanzando un claro mensaje a la sociedad, que me lo he llevado calentito (siempre legalmente) de mi profesión y ahora encima me van a pagar (o me han pagado) por ello.

Bono presume de que cuando le preguntan por los 700.000 euros que ha percibido por el ladrillado de sus memorias tiene a bien corregir a su entrevistadora y le matiza: ¡Oiga, que no son 700.000, sino 800.000 euros! Hombre, ya puestos, podía haber dicho que le habían aflojado un millón y así todos tan contentos. Encima, como el señor parece que se había quedado con algo de ego sobrante, enseña ufano su iPhone donde tiene una foto del carísimo retrato que le han hecho como ex presidente del Congreso. ¿Creen que se puso rojo? Nada de eso, él estaba tan orgulloso, aunque seguro que lamentando que no le hiciesen un busto con mármol de Carrara, porque Bono lo vale.

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