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Santa Cruz, ciudad portuaria. Por José Manuel Bermúdez Esparza

La reciente conmemoración del centenario del Correíllo “La Palma” es una excelente invitación a recordar algo que en realidad nunca debemos olvidar: Santa Cruz de Tenerife es –por tradición y por vocación- una ciudad portuaria. Ni queremos ni podemos renunciar a esta condición que tanto ha influido en el nacimiento y consolidación de esta capital del Atlántico, muy al contrario, debemos potenciarla, eso sí, redefiniendo su funcionalidad y haciéndola compatible con los nuevos desafíos de una ciudad que no quiere vivir de espaldas al mar.

Recordábamos en ese entrañable acto conmemorativo la figura de Juan Antonio Padrón Albornoz, chicharrero de pro, ex concejal y Medalla de Oro del Municipio, que con la tinta de sus crónicas nos dibujaba magistralmente esa puerta de entra y salida a Santa Cruz, bajo un epígrafe que se convirtió en santo y seña: “El puerto es lo primero”. Y es oportuno recordarlo así en estos momentos, porque la desaparición del Puerto de Santa Cruz de Tenerife de la Red Transeuropea de Transporte constituye un agravio  de primer orden y ocasiona un grave daño a las perspectivas presentes y futuras, si no conseguimos corregirlo de manera que los responsables del Gobierno del Estado defiendan –con fuerza, con razón y con justicia- esta necesidad ante las autoridades europeas para no perder competitividad e inversión.

No sólo es posible un uso compatible y moderno de la actividad portuaria (eficiente, generadora de empleo e imprescindible para la conectividad) con las dotaciones de servicios de ocio  y calidad de vida respetuosos con el medio ambiente. Es el único camino para el desarrollo, no extensivo sino en aprovechamientos, de un puerto enclavado en el corazón de una ciudad del siglo XXI, y tenemos muchos ejemplos de ello.

En la consecución de estos objetivos resulta imprescindible profundizar en la coordinación con la Autoridad portuaria, responsable última de la planificación en el ámbito portuario, para la mejor integración funcional y territorial entre la Ciudad y su Puerto, y que así opte por aumentar las funciones que maximicen su aprovechamiento de segmentos de tráfico  y servicios con mayores contenidos en la cadena de valor y menores impactos ambientales.

Si nos dotamos de las herramientas necesarias desde el punto de vista de inversiones tecnológicamente avanzadas y la provisión de servicios logísticos para actividades portuarias, seremos también capaces de abrir definitivamente Santa Cruz al mar: recuperando terreno de escasa productividad portuaria pero de enorme valor urbano por su extensión y su enclave central. Indudablemente ello repercutirá en una reactivación económica de todo el entorno, y la habilitación de un espacio de calidad de vida para los propios vecinos y los visitantes.

No son actuaciones fáciles y rápidas, y menos en los difíciles tiempos que corren. Pero es necesario planificar lo que queremos y cómo lo queremos hacer  para que cada pieza vaya encajando en su lugar y podamos construir entre todos ese proyecto común que es Santa Cruz.

 

José Manuel Bermúdez Esparza (CC)-Alcalde de Santa Cruz de Tenerife

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