FIRMAS Juan Velarde

‘CiUafelitos’. Por Juan Velarde

No sé qué sucede últimamente con los cafés, pero a los representantes políticos, esos que deben velar por el bien de sus ciudadanos, parece que no quieren que estos den la lata, y más si son jóvenes, y enseguida resuelven cualquier cuestión con el manido ejemplo del café. ¿Suben las tasas universitarias? Nada, eso son 8 cafés de nada. ¿Hay que resolver el problema del paro? Nada, por Dios, se manda a los post adolescentes a servir cafés a Londres. Si será por soluciones, habrán pensado estos sesudos políticos.

Entrando en el caso concreto del señor Mena, consejero de Empleo de la Generalitat catalana, éste se descuelga con unas desafortunadas declaraciones en las que propone como medida estrella para erradicar el desempleo juvenil que ese sector coja la maleta y se desplace a Londres a servir cafés, no sé si a la reina Isabel II o en el Starbucks. Eso no termina de dejarlo claro el representante de CiU, como tampoco, adivino o creo intuir, tampoco incluye en ese magnífico plan laboral a sus hijos (en el caso de tenerlos, claro está).

Lo sorprendente de este señor es que, a pesar de tener un cargo de consejero de Empleo de Cataluña y que, por tanto, está en la obligación de velar por la creación de puestos de trabajo en su región, su brillante idea para acabar con la juventud ociosa es certificarla al Reino Unido, además con la excusa de que así aprenden inglés. Claro, genialidad al canto si no fuese, por ejemplo, porque la vida allí cuesta un riñón y tres cuartas partes del otro. Vamos, que si no se va al menos con 3.000 euros en el bolsillo (viaje pagado), el futuro está más negro que el de un palestino en una sinagoga, por ejemplo.

Sería deseable que estos señores de traje, corbata, despacho y coche oficial empiecen a darse un baño de realidad, que las cosas no son como ellos postulan y burocratizan desde la comodidad de los los mullidos sillones y secretaria que está para transcribir los decretos o normas que salen de sus magines. Este caballero, por vergüenza torera, debería de haber renunciado ya a su puesto, pero evidentemente no está por la labor, sino que prefiere seguir cobrando su generosa manteca mensual con la que, precisamente, poder hacerse su viaje a Londres y ser luego atendido en un establecimiento de comida rápida, curiosamente, por uno de esos jóvenes a los que él, tan diplomáticamente, mandó en su momento a Londres a servir cafés.

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