FIRMAS

Las playas de Santa Cruz. Por José Manuel Ledesma

Aunque parezca extraño, los vecinos de Santa Cruz no eran asiduos bañistas debido a que las leyes les prohibían nadar en los lugares donde había transito de gentes. Los baños, propiamente dichos, eran más una diversión que un deporte y tenían lugar en los días fuertes de verano.

A los que olvidaban cumplir esta limitación de libertad, las autoridades los detenían y condenaban a barrer las calles, tal como le ocurrió, en 1807, al criado del vizconde de Buen Paso por bañarse desnudo en la playa situada delante del paseo de La Alameda, entre el muelle y el castillo de San Pedro.

Como los hombres continuaban bañándose desnudos en la playa, en la que se agolpan mirones y curiosos, en 1809 se publican unas  ordenanzas que obligan a que si se bañan de día no lo hagan del todo desnudo, sino con sus vergüenzas cubiertas.

Al observar el vicario Martinón, en 1819, “que un pueblo católico se baña a la misma hora y en el mismo sitio los hombres mezclados con las mujeres”, se queja al comandante general Luján sobre este relajamiento de la moral pública; por ello, el Alcalde José Calzadilla Delahanty, redactó un bando por las buenas costumbres y ordena:

1.- Que los hombres no se bañaran mezclados con las mujeres.

2.- Que las mujeres se bañaran, entre las ocho y las nueve de la noche, en la playa del muelle, debajo de la baranda de la Alameda, y que lo hicieran vestidas con un camisón o algo similar.

 

 

La playa de San Antonio en 1929, hoy muelle de Rivera.
La avenida de Anaga en 1956.

 

 

La playa del muelle y la playa de Ruiz cumplieron su misión de baño hasta que, a finales del siglo XIX, quedaron inutilizadas por las numerosas embarcaciones que se refugiaban en ellas y por las obras de prolongación del muelle Sur que hicieron desaparecer la arena a la vez que acumulaban gran suciedad.

Las otras playas de San Antonio, La Peñita y Los Melones, donde hoy se encuentra el muelle de Ribera, con su explanada, y la avenida de Anaga o Francisco Laroche, no eran lugares de baño sino que en ellas se levantaban las industrias relacionadas con el puerto (astilleros y almacenes de carbón) a la vez que se usaban para varar las lanchas.

La explanada del muelle de Ribera nació como consecuencia de las peticiones formuladas por varios comerciantes para construir depósitos de mercancías, ganando terrenos al mar. El proyecto fue presentado (1943) por el ingeniero Miguel Pintor González, las obras comenzaron a realizarse ocho años más tarde y,  las distintas alineaciones de que consta, se terminaron en 1960, 1963 y 1982.

La avenida de Anaga, hoy Francisco Laroche, fue realizada, entre 1940 y 1965, por el Cabildo Insular de Tenerife, la Junta de Obras del Puerto y el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Su trazado se  hizo aprovechando la rambla de Sol y Ortega y la carretera de San Andrés. Con su ejecución, se eliminaron las cuevas y casuchas que el viajero veía cuando llegaba por mar a Santa Cruz de Tenerife.

En los astilleros existentes en esta playa, los carpinteros de ribera fabricaban goletas, bergantines, balandras y embarcaciones para el tráfico portuario, a la vez que reparaban gabarras carboneras, aljibes flotantes, fruteros de cabotaje, remolcadores, etc. Cuando los calafateros daban por terminada la obra, embreando las cubiertas de manera que quedaran perfectamente selladas, el barco se hacía a la mar.

Carbón

Cuando el carbón dio paso al petróleo, los astilleros reflejaron la paralización del tráfico portuario y disminuyó la fabricación y reparación de gabarras; no obstante, en 1939, con la creación de la industria pesquera de Tenerife, volvieron a tomar auge en la construcción y puesta a punto de goletas y arrastreros.

Entre la playa de San Antonio y la Peñita, debajo de la muralla de la calle de la Marina, se encontraban los varaderos y almacenes de carbón de Tenerife Coaling Company Ltda. (Hamilton), formado por un galpón de paredes de madera y techo de planchas metálicas y un pequeño muelle de servicio.

En esta playa, también existieron, hasta la primera mitad del siglo XX, una serie de cobertizos de madera que guardaban inútiles embarcaciones vencidas por los años y la mar.

En la playa de Los Melones, junto al muelle Norte, la Junta de Obras del Puerto construyó un astillero en 1919. En él se construían y reparaban las embarcaciones oficiales; sin embargo, en tiempos de mucha demanda, al estar los demás astilleros saturados de trabajo, tuvo que admitir goletas y balandras de otras empresas. En este astillero se botó, en 1945, la balandra Nivaria de 114 Toneladas, 25,60 m. de eslora y 8 m. de manga.

En esta misma playa de Los Melones, a finales del siglo XIX, se iniciaron las obras del astillero de la Elder Dempster que más tarde se llamaría Industrias Marítimas; así como el de Cory que sólo reparaba las gabarras y el remolcador de dicha firma.

En los almacenes de carbón existentes en estas playas, se almacenaba el mineral que había venido de Cardiff (Gales) y que las gabarras se encargaban de trasladar desde los barcos –colliers– hasta los muellitos de las empresas importadoras; luego, las gabarras volvían a rellenarse del negro mineral para llevar hasta la banda de los trasatlánticos –liners- las toneladas que previamente habían solicitado (cien toneladas por cada pitada).

Durante muchos años, en esta línea de playa, las fragatas balleneras que recalaban en Santa Cruz de Tenerife, para hacer la aguada y suministrarse de alimentos, limpiaban fondos y reparaban averías; a la vez, infinidad de barcos confiaron la seguridad de su casco vacío a la tranquilidad de estas playas y en ellas permanecieron mostrándonos sus enormes y herrumbrosas palas de su hélices.

En 1890, en la playa de Los Melones, un cañonero de la armada española, Santa Eulalia, estuvo apuntalado con recios maderos durante los años que tardó en limpiar  y pintar fondos; y, durante la II Guerra Mundial, los barcos Teresa Schiaffino, Madda y Andalucía, a los que su pabellón italiano privaba de libre tránsito por los mares en  guerra, también estuvieron amarrados con cadenas y gruesos cables de acero a estas playas del puerto.

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