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PSICOLOGÍA. La trampa de la realidad. Por José Oriol Rojas

Existen dos  maneras de enfrentarse a la vida cotidiana, a modo de dos grandes presupuestos sobre la realidad. La primera, es considerar que la realidad existe y todo cuanto ocurre está ahí fuera, por lo que uno solo puede tratar da ajustarse a lo que toca. Y la segunda, es considerar que la realidad no existe y todo está en la mente, como un conjunto más o menos de organizado de prejuicios.

Cuando la realidad existe con independencia de las personas  es posible hablar de los «hechos objetivos». Y hacerlo proporciona una serie de certezas que produce efectos y consecuencias, algunas veces no muy saludables.

La segunda forma de ver la realidad entiende que las personas tiene grandes limitaciones y no puede acceder a la realidad en sí, sino a una construcción subjetiva. Esta posición sobre la realidad las coloca en la inseguridad ya que las cosas parecen ser de un modo pero nunca se puede estar completamente seguro.

Cambia mucho el resultado práctico cuando se estima lo observado  como  «hechos objetivos» o cuando admitimos que simplemente tenemos acceso a las «percepciones subjetivas».

Por ejemplo, cuando alguien afirma de los demás: «nadie me quiere», como una realidad objetiva e indiscutible, está diciendo que nadie en el mundo le quiere y no hay escapatoria. Por consiguiente debe ser una persona realmente anómala o detestable. En la versión subjetiva, al tratarse de una percepción de la realidad, puede no ser cierto y existe alguna posibilidad de que alguien, en algún lugar, le quiera.

El pronóstico para uno y para el otro es distinto, el segundo tiene muchas más posibilidades de sanar de la marginación social, porque toma su afirmación como una percepción subjetiva que puede no ser cierta y por consiguiente, está más abierto a convencerse de lo contrario. Le bastará una mano tendida en un autobús para volver a sentirse una persona normal. Mientras que quien cree en la realidad objetiva considera un hecho probado, contrastado empíricamente, que nadie le quiere y no existe forma de convencerlo de lo contrario.

De ahí la tesis que vengo a defender. Dado que sobre la realidad tenemos múltiples versiones, deberemos elegir, en todo caso, aquellas que sean más eficientes desde el punto de vista de promover el bienestar, con independencia del tipo de evidencias que tendamos a preferir para considerar un hecho probado. De modo que la búsqueda del bienestar propio y de los demás resulte prioritario al prejuicio ontológico de la realidad.

La realidad no puede seguir siendo por mas tiempo la excusa para seguir ejerciendo  dictaduras sobre las personas y tampoco la evidencia para la auto-mutilación de las inquietudes y necesidades humanas.

Existen múltiples maneras de interpretar los hechos, algunas constrictivas y limitadoras («no soy digno, nadie me quiere, dado que Miguel no me saludó) y otras  abiertas y generativas («Miguel no me ha saludado, ¿qué le pasará?), por eso habrá que cuidar mucho aquellas sobre las que descansamos, porque dependiendo de nuestras elecciones acabaremos viviendo en un mundo hostil o acogedor.

www.oriolrojas.com

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