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El Correíllo ‘La Palma’ cumple cien años. Por José Manuel Ledesma

El vapor La Palma, botado el 12 de abril de 1912 en los astilleros W. Harkess & Son Ltd. en Middlesbrough (Inglaterra), con el número de construcción 192, después de verificar satisfactoriamente las pruebas de mar, fue entregado a la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios, filial de la inglesa Elder Dempster Ltd.

El Correíllo La Palma llegó al puerto de Santa Cruz de Tenerife el 14 de mayo para empezar a comunicar las islas con periodicidad, transportando pasajeros, mercancías y la correspondencia. Venía con el puente abierto, la chimenea de color mostaza y el casco pintado de negro.

Este barco mixto (pasaje-carga) de 67.10 m. de eslora, 9.14 m. de manga, 5,97 m. de puntal y 3.68 m de calado, desplazaba 894 toneladas de registro bruto y era impulsado por una máquina alternativa de vapor de triple expansión que le producía una potencia de 700 HP y una velocidad de 11 nudos. Podía llevar hasta 196 pasajeros, en primera, segunda y tercera clase, y su dotación la formaban medio centenar de tripulantes.

Estaba hecho con los mejores avances tecnológicos del momento: seguridad, confort, autonomía, velocidad, elegante línea, estabilidad, casco de acero remachado, dos cubiertas y una hélice; salvando las dimensiones, su diseño era similar al Titanic, pues ambos fueron fabricados el mismo año en el Reino Unido.

El Correíllo La Palma está atracado en la antigua terminal del Jet-Foil.

De su larga vida marinera destacaremos que desde 1914 hasta el final de la I Guerra Mundial fue fletado a armadores peninsulares, junto con sus dos gemelos León y Castillo y Viera y Clavijo. En 1930,  junto con el resto de la flota, pasó a pertenecer a la Compañía Trasmediterránea, donde continuó en sus trayectos interinsulares.

En 1936, al ser militarizado, fue artillado para su autodefensa y clasificado como transporte de guerra; dos años más tarde, volvió al servicio ordinario transportando tropas regulares desde Santa Cruz de Mar Pequeña (Ifni) a Vigo. Concluida la guerra civil, volvería de nuevo a cubrir las rutas interinsulares. Como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, en sus costados se pintaron los distintivos de neutralidad.

En febrero de 1951, para que tuviera más velocidad, fue sometido a obras de gran carena, se le sustituyó el sistema de combustible, mediante el emplazamiento de quemadores de petróleo, evitando de esta manera las penosas faenas del carboneo; se mejoraron las habitaciones instalándole duchas y baños en algunos camarotes, ya que en origen sólo disponía de unos armarios con palanganas y jarras para agua (Aguamanil).

Retirado del servicio en 1976

El último superviviente de la navegación a vapor en las Islas Canarias fue retirado del servicio interinsular el 17 de marzo de 1976, después de haber sufrido en Arrecife (Lanzarote) una grave avería en una de sus calderas.

El 24 de marzo de 1977 fue adquirido en subasta pública por Jürgen Flick por la cantidad de 1.500.000 Ptas. (9.015 Euros) con el fin de convertirlo en casino-restaurante flotante pero, un problema legal malogró sus planes y no pudo obtener la concesión administrativa por lo que, el 6 de febrero de 1985, antes de venderlo para desguace, se lo ofreció gratuitamente al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, recibiendo el silencio administrativo como respuesta, motivo por el cual se lo comunicó al Cabildo de Tenerife, quien aceptó hacerse cargo del Correíllo, según el acuerdo plenario del 1 de febrero de 1986, con el propósito de transformarlo en Museo de la Navegación de Canarias. La escritura de adquisición del barco se firmó en Las Palmas el día 21 del mismo mes.

El Cabildo de Tenerife aceptó, en 1985, hacerse cargo de este buque con el propósito de transformarlo en Museo de la Navegación de Canarias, después de que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria no lo aceptara

La transmisión de dominio del correillo La Palma acaparó la atención política y social del entonces alcalde de Las Palmas, Juan Rodríguez Doreste, el cual trató por todos los medios de evitar que el barco abandonara el puerto de dicha ciudad; incluso, constituyó la Asociación de Amigos del Vapor La Palma, a la que se sumaron varias corporaciones políticas.

Por fin, a media tarde del día 13 de marzo de 1986, el vapor La Palma, a remolque del Tamarán, llegó al puerto de Santa Cruz de Tenerife y, en medio de una emotiva expectación, dio una vuelta de honor en la dársena de Anaga, y entró en los Astilleros de Nuvasa donde quedaría varado para realizarle las obras de restauración, trabajos que pronto quedaron suspendidos. Ante esta incertidumbre, en los periódicos locales comenzaron a surgir diversos proyectos para su futuro; entre ellos, alguno tan disparatado como hundirlo para que fuese un museo submarino.

Para salvar del desguace al Correíllo se creó la Fundación de Amigos del buque.

Con objeto de salvar el buque, se funda (1996) la comisión Correíllo La Palma, formada por la Asociación Canaria de Capitanes de la Marina Mercante. Su primera actuación fue traer el equipo de restauradores The Marítime Trust, quienes, después de realizarle una visita de inspección, informaron que El buque está en perfecto estado para su restauración y que la mejor solución es que navegue.

En diciembre de 1997, se constituyó la Asociación Pro-Restauración y Conservación del Correíllo La Palma, para concienciar a la sociedad y a las autoridades insulares de que el vapor podría convertirse en un museo itinerante de la navegación canaria y en un centro de información y consulta, dotado de una biblioteca náutica con una exposición permanente de sus fondos documentales. El proyecto contemplaba también que, una vez transformado en un espacio cultural y de ocio, las escalas no se restringieran sólo a las capitales insulares sino que recuperaría su forma tradicional de navegación en el Archipiélago hasta que las carreteras fueron transitables a mediados del siglo XX; es decir, travesías de corta duración, bordeando la costa, y atracando en los puertos y embarcaderos que todavía existen.

Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios

En nuestro Archipiélago, la palabra correo, además de designar el servicio público que se hacía cargo de la correspondencia, significaba buque de línea regular que nos traía y llevaba las cartas.

En 1762, con el fin de que la correspondencia llegara de forma rápida y segura a los habitantes de las islas Canarias, Carlos III firmó una disposición mediante la cual se creaba en Santa Cruz la primera administración de Correos de Canarias, ordenando a todos los capitanes o patronos de los «barcos de primera línea» que arribasen al puerto, a entregar o recoger la valija de la correspondencia, bajo pena de no admitir la licencia de carga para las mercancías que había de transportar.

Debido a que el traslado de las cartas continuaba siendo deficitario, el 26 de Marzo de 1778, el monarca ordenó la creación del correo marítimo oficial, con un servicio mensual con Cádiz, a través del jabeque-correo Nuestra Señora del Rosario, servicio que sólo tendría un año de vigencia.

A partir de 1851, el Gobierno concedió el servicio de correos, desde Cádiz a Santa Cruz de Tenerife, a la firma Arieta, Villota y Compañía. La naviera disponía de cuatro fragatas de tres palos, bautizadas con los nombres de Correo nº 1,2,3,4, las cuales recalaban dos veces al mes en Santa Cruz, en su viaje hacía la Habana y Puerto Rico; a estos correos, le añadieron un correo bimensual de Cádiz a Santa Cruz, a cargo de los bergantines Corzo, Buen Mozo y Veloz.

El servicio de correíllos entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria fue inaugurado el 25 de abril de 1896 por la empresa británica Elder&Dempster, que contaba con tres vapores para tal finalidad

Diez años más tarde, el Gobierno contrató el servicio de correo marítimo desde Barcelona a Santa Cruz, con escalas en Valencia, Málaga y Cádiz, a la empresa Bofill, Martorell y Compañía, a cargo de los vapores de ruedas Hibernia y Caledonia; mientras que en el Archipiélago dicho cometido estaba a cargo de los veleros de Juan Camella y Ghirlanda Hermanos, con  seis viajes mensuales a Las Palmas, dos a la Gomera-El Hierro, y cuatro a La Palma.

El servicio de correíllos, entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, lo inauguro, el 25 de abril de 1866, la empresa británica Elder&Dempster, con los vapores: Formoso, Forcado y Mersey. Estos barcos de casco de hierro, de 61.8 m. de eslora y 461 toneladas de registro bruto, tenían una sola cubierta y disponían de primera clase, donde podían viajar ocho pasajeros.

Cuando, el 22 de septiembre de 1877, la reina regente, María Cristina, firmó un Real Decreto por el que Se autoriza al ministro de la Gobernación para contratar por término de diez años, con  las formalidades de subasta, el servicio de conducción del correo por buques de vapor entre las Islas Canarias, bajo el tipo anual de 125.000 pesetas, cuyo gasto será consignado en el presupuesto vigente, el adjudicatario estaba obligado a realizar seis expediciones mensuales a los puertos del itinerario principal y otras seis expediciones a los puertos de segundo orden, así como una expedición mensual a la colonia de Río de Oro.

Con el fin de optar al citado concurso, el 24 de septiembre de 1888,  se constituyó en Las Palmas de Gran Canaria, la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios, filial de la naviera británica Elder&Dempster. La citada compañía daría un gran impulso a las comunicaciones marítimas del archipiélago, especialmente al tráfico de pasajeros y mercancías.

Para cumplir con las condiciones estipuladas en el contrato de adjudicación, la citada compañía puso en funcionamiento los vapores de 900 toneladas: Viera y Clavijo, León y Castillo y La Palma; y los vapores de  674 toneladas: Lanzarote, Fuerteventura, y Gomera-Hierro. Con el fin de enlazar regularmente las islas de Tenerife, La Palma, Gomera y El Hierro, en 1894, adquirió el vapor Pérez Galdós.

En octubre de 1889,  la Compañía renovó el contrato con el Estado y extendió el servicio hasta Río de Oro, con una expedición mensual. Una Real Orden de 27 de junio de 1930 motivó la absorción de la naviera interinsular por la Compañía Trasmediterránea, a cuya contraseña se incorporó la flota para continuar prestando los servicios de correos.

 

Imagen antigua del buque.

Plató de Cine

‘Guarapo’, una película dirigida por los hermanos Ríos, estrenada el 19 de mayo de 1989, en la que Benito, apodado “Guarapo”, joven jornalero sin tierra, sube al vapor La Palma para emigrar a América a labrarse un futuro mejor.

‘El extraño caso del Correíllo La Palma’, cortometraje de 26 minutos de duración, dirigida por Manuel Mora Morales, rodada en 2007. En ella se conciencia al espectador a que conserve nuestro patrimonio histórico, cultural e industrial, expresado en la lucha entre la memoria y el olvido por adueñarse del Correillo.

‘El clan’, un thriller de acción Germano-Suizo, ambientado en los años 40 del siglo pasado en las Islas Canarias, que narra la historia de cuatro amigos que viven situaciones violentas por aceptar un extraño trabajo de un desconocido. Las escenas exteriores e interiores del largometraje fueron rodadas en septiembre de 2011

Distinciones

La Fundación Correillo La Palma, además de recibir el reconocimiento popular por el esfuerzo que están realizando en mantener el barco a flote, acaba de ser premiada por la Fundación Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP), en la categoría de Recuperación del Patrimonio Industrial.

1 Comentario

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  • Es un muy buen artículo. No se si se puede incorporar.

    saludos
    Juan Pedro