Juan Velarde

Eurovegas. Por Juan Velarde

Madrid y Barcelona se disputan albergar el proyecto Eurovegas, una suerte de macrociudad del ludópata y que reactivaría la economía de la zona con una pedrea nada despreciable de entre 200.000 y 250.000 empleos nuevos, una bicoca para los tiempos que corren y que ninguna de las dos provincias españolas ha perdido la oportunidad de demostrar ante los magnates de Las Vegas que ambas reúnen condiciones más que necesarias para hacerse acreedoras a disponer de esas grandes instalaciones. Sin embargo, de momento, Madrid lleva varias cabezas de ventaja sobre los catalanes, entre otras razones porque la voluntad política en la región central fue clara y concisa desde el primer minuto, algo que los barceloneses no tuvieron.

Y es que Madrid puede aducir a su favor varios puntos, entre ellos el de ser el principal punto de entrada de turistas vía aérea, con unas comunicaciones ultramodernas, unas instalaciones hoteleras de superlujo, un atractivo turístico indudable, una política económica muy liberal, una burocracia muy simplificada, sin barreras idiomáticas y, sobre todo, disponibilidad de los terrenos y que en todas las administraciones implicadas, comunidad y ayuntamientos que desearían albergar Eurovegas gobierna el mismo partido, el PP, lo que ya supone otro punto a favor añadido.

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¿Y qué puede ofrece Barcelona? Aparte de que es el puerto europeo de relevancia en materia de cruceristas, la provincia catalana tiene que hacer frente a varios inconvenientes. Primero, que donde desea instalar el proyecto Eurovegas es una zona de indudable atractivo ecológico dentro del delta del Llobregat y ya han salido como champiñones las organizaciones ecologistas a decirle a los políticos que nones, que no se toca ni media hoja. Seguidamente, que dentro de las administraciones que están implicadas, hay partidos de todos los colores y también se están produciendo disensos. Y luego, de remate, las cruentas imágenes de la huelga general, donde los destrozos y la violencia generada dieron la vuelta al mundo. Con esa estampa, cualquiera sale huyendo antes de querer invertir ahí.

En fin, alea jacta est, veremos a ver qué sucede en los próximos días, pero salvo que se tuerza mucho la cuestión, Madrid será la afortunada y la que se haga merecedora a Eurovegas. Y es que, entre otras razones, los norteamericanos pueden flipar cuando les digan que hay que habilitar cartelería en catalán por ley, como si Cataluña no fuese España, aunque viendo a ciertos políticos…

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