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DIARIO DE UNA PARADA (alias canela fina) La gracia no está en crisis. Por Carmen Merino

Vale que conseguir un puesto de trabajo sea una especie de entelequia, que el empleo se haya convertido en el bien más preciado en una sociedad que iba de sobrada y donde trabajar para ganarse el pan había perdido hasta la última brizna de su estricto significado. Vale que el panorama sea desolador para muchos de nosotros, especialmente porque la famosa luz al final del túnel no da todavía el más mínimo destello. Vale que lo único que tenemos por delante sea apretarnos el cinturón uno o dos agujeros más. Vale.

Pero lo que no podemos permitir es que, con tanta negrura, este país pierda su gracia, se descapitalice emocional y culturalmente y se quede sin alma.

Y a ciencia cierta que no lo ha hecho. Para muestra, un par de botones

En la foto de arriba, la pizarra que lucía ayer un bar situado en la Playa del Medano, Granadilla,

Tenerife. Y en la de abajo, otra pizarra del mismo establecimiento, esta vez en alusión al estado que presentaba la zona (peligro por la presencia de aguavivas o medusas) para el baño.

¿Quién ha dicho crisis? No al menos de imaginación, desde luego.

 

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