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El puerto de Santa Cruz de Tenerife rememora mañana parte de su historia con diversos actos

Elblogoferoz/José Manuel Ledesma.- El puerto de Santa Cruz de Tenerife rendirá homenaje mañana, miércoles, a parte de su historia a través de varios actos públicos. El primero de ellos, tendrá lugar a partir de las 12.30 horas en la Grúa de Vapor y en la Locomotora, ambas expuestas en la autovía de San Andrés, donde se instalarán sendas placas en las que se especifican las características de estas máquinas que fueron vitales para el desarrollo de la actividad portuaria de la Isla.

Posteriormente, a las 13 horas, en la nueva plaza de la citada autovía, a la altura de María Jiménez, se repondrá otra placa, en esta ocasión la que en su día se dedicó a un príncipe polaco que falleció ahogado en las costas santacruceras, la cual tras las obras del túnel quedó oculta a la vista del público. A este acto asistirá la colonia polaca residente en Tenerife.

El 23 de febrero de 1909 pereció ahogado en Bufadero (María Jiménez) Kazimirz Sapihea-Kodenski, príncipe heredero de Polonia, de 27 años, que se encontraba pasando unas vacaciones en Santa Cruz de Tenerife en compañía de sus hermanos menores León y Alexander, hijos de Wladyslaw León, político y miembro del parlamento regional de Galitzia y Lodomeria, reino que formaba parte del Imperio Austriaco y Austrohungaro  y de la condesa Elzbieta Konstancja Potulicka.

Esta familia era una de las más importantes y poderosas de la nobleza de Polonia. Sus orígenes se remontan al año 1640, en la actual Lituania (Este de Polonia). En su escudo de armas, formado por una flor de Lis, aparece escrito: La Cruz es mi Arca de la Alianza.

Los tres jóvenes llegaron al puerto de Santa Cruz de Tenerife, procedentes de Austria, y se hospedaron en el Hotel Orotava, antigua Fonda Panasco, en la Plaza de la Candelaria nº 1,  (actual edificio Olympo) de esta capital. Santa Cruz de Tenerife celebraba por esos días las fiestas de Carnaval, por lo que asistieron de incógnito a casi todos los espectáculos que se celebraron. El martes por la tarde, los tres hermanos alquilaron el balandro Bernardo Barrera, patroneado por Rafael Arnay y José Megolla, con la intención de dirigirse a la playa de San Andrés, donde solía ir la gente joven y alegre.

De regreso al puerto, Kazimirz pidió timonear la embarcación. Para aprovechar el fuerte viento favorable viajaban con la vela desplegada cuando, al pasar frente a este lugar (Bufadero), una mala maniobra o un golpe de mar hizo zozobrar el barco y todos cayeron al agua; ante la imposibilidad de ganar la costa a nado, comenzaron a solicitar socorro.

Cuatro, de los cinco tripulantes que viajaban a bordo del balandro, fueron recogidos por Salvador Morales, un pescador que se encontraba faenando cerca del lugar del accidente, trasladándolos en su barca a este  núcleo vecinal de María Jiménez, donde una familia les ofreció ropa y comida  a los jóvenes náufragos.

El cuerpo del príncipe  Kazimirz no tuvo la misma suerte pues se cree que, en el momento del bandazo, recibió un golpe en la cabeza y fue arrastrado por las corrientes marinas. A la búsqueda se sumaron  varios botes de vapor de la Comandancia de Marina y de la Dirección de Sanidad del Puerto, con el personal especializado, sin que pudieran encontrarlo.

Dos días más tarde, el 25 de febrero, el gobernador civil, Joaquín Santos y Ecay, en presencia de los príncipes supervivientes, le entregaron a Salvador Morales, el pescador que les había rescatado, un diploma de felicitación del Ministerio de la Gobernación, colocando una placa que lo recordara en el lugar del accidente.

De los dos hermanos que le acompañaban ese día, León fue sacerdote, escritor y piloto austriaco durante la primera Guerra Mundial, mientras que Alexander participó en la II Guerra Mundial. Otro de los hermanos, Wladyslaw, se casó con Ida Bornemisza de Kászon, cuñada del barón Hans Heinrich Thyseen-Bornemisza.

Un tío del Príncipe, el Cardenal Adam Sapieha, que fue  Arzobispo de Cracovia, sería tutor del Papa Juan Pablo II, en el seminario clandestino de Cracovia.

 Nueva ubicación de la Locomotora

Por otra parte, este mediodía también se colocará una placa conmemorativa en la locomotora insignia de la historia del puerto. De las seis locomotoras de 160 caballos de potencia, fabricadas en Kassel (Alemania) por Henschel & Sohn, que llegaron a Santa Cruz de Tenerife, entre junio de 1925 y marzo de 1928, la única que no fue al desguace, cuando dejaron de prestar sus servicios en 1965, fue la F6, modelo 0-2-2-T, ya que era la que se encontraba en mejores condiciones técnicas.

Estas locomotoras fueron las que transportaron, desde la montaña de La Jurada, la piedra con la que se hicieron las escolleras de los muelles Sur, Ribera y Norte; rellenaron las avenidas Marítima y Anaga; entullaron el hueco dejado por el castillo de San Cristóbal y la caleta de Blas Díaz, dando lugar a la plaza de España, el Cabildo Insular y el Palacio de Correos y Telégrafos.

Esta grúa estuvo expuesta, desde 1984 a 1990, en la entrada peatonal que el muelle tenía por la plaza de España, junto con otros elementos del patrimonio industrial (Grúa de vapor, Pescante, Hélice del crucero Canarias).

Hoy, este vestigio del crecimiento del puerto, ejemplo de la cultura industrial, después de haber sufrido los efectos imparables del paso del tiempo, vuelve a la cantera de La Jurada, su estación de partida, después de haber sido restaurada por la Unidad de Mantenimiento de la Autoridad Portuaria puesto que se le sustituyeron las piezas oxidadas por otras de acero, semejantes a las originales, se le repusieron los cristales de los faros, se le instalaron las viseras de la cabina y se le dio los colores originales de fábrica.

 La Grúa de Vapor

Otro de los hitos históricos del puerto lo constituye la Grúa de Vapor nº 2261, fabricada en 1920, por Grafton & Co. Engineer, en Bedford-Inglaterra, que se encuentra expuesta en la avenida de Anaga, frente a la Escuela Náutica, y que es la que Cory Brothers and Company Ltd. instaló en 1934 en el muelle carbonero de Valleseco para realizar la carga y descarga de las gabarras de carbón procedentes de los barcos fondeados en la bahía.

Cuando los vapores carboneros de bandera británica (Colliers) llegaban al fondeadero cargados de  Tyne, Clyde o Cardiff, las gabarras se abarloaban para rellenar sus bodegas del negro mineral. El relleno de carboneras se realizaba siempre en mar abierta; para ello, colocaban planchas de madera entre la banda del barco y la gabarra, con el fin de que resbalara el mineral; luego, dichas embarcaciones, iban hasta el muelle donde la Grúa de vapor se encargaba de izarlo hasta las vagonetas que, tiradas por mulas, lo trasladaban hasta el interior de los almacenes.

Asimismo, los trasatlánticos (Liners) también solicitaban desde el fondeadero, con pitadas largas, las toneladas precisas de carbón (cien por cada pitada), las gabarras volvían a repetir otra vez la operación, pero a la inversa.

La operación de carga y descarga en vagoneta volcable, originaba una nube de polvo negro que se depositaba en la piel y los pulmones de los trabajadores de la “carga negra” (cargadores y lancheros). Durante el “carboneo a la burra”, tarea dura de paleros y fogoneros, los botes y las cubiertas de paseo del barco se tapaban con lonas con el fin de evitar que el negro polvillo las ensuciara.

Los pasajeros, mientras tanto, para no ensuciar sus trajes blancos, con los que era costumbre viajar, bajaban a tierra en las lanchas de desembarco y utilizando carruajes tirados por caballos (Landó), el Coche de Hora o el Tranvía, se internaban en la Isla para ver sus bellos paisajes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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