DIARIO DE UNA PARADA (alias canela fina). Desempleadas, sí. Paradas?: Ja¡ Por Carmen Merino

mar 13, 2012 Sin comentarios por

Cuando el pasado 8 de marzo muchos varones bienpensantes nos alentaban a través de las redes sociales por nuestra lucha en pos de la igualdad, yo intervine en la fiesta con tan solo dos tuits. En el primero me preguntaba si las buenas intenciones que expresaban tantas felicitaciones, reconocimientos y expresiones de ánimo se iban a traducir en el reparto equitativo de los altos puestos directivos, y sus varoniles sueldos, de tantos hombres aparentemente dispuestos a dar a la mujer lo que se merece (y no su merecido, que eso tiene otra nefasta connotación). Y en el segundo hacía hincapié en una gran obviedad: mujeres desempleadas hay muchas, muchísimas, porque somos uno de los colectivos más castigados por la crisis. Pero mujeres paradas, lo que se dice paradas, hay muy pocas.

Nada más lejos de mi intención que generar con este post un agrio debate de género. Para entrar en este territorio recomiendo venir ya convenientemente desbravado de casa. Tan solo pretendo poner en evidencia las sustanciales diferencias que acontecen en torno al concepto paro cuando se aplica a un hombre y cuando se aplica a una mujer.

El primero de ellos está en relación a la autoestima. Por regla general, el varón tiene una autoestima más ligada con su desempeño profesional que lo que la tiene la mujer, aunque también en este aspecto las cosas están cambiando a toda velocidad. De ahí que el desempleo suponga para los hombres un revés emocional aún mayor que el que supone para las mujeres, en términos generales más centradas  en cuanto al rating de su valoracion y popularidad en su mundo personal y familiar que en el laboral y social.

La segunda de las grandes diferencias es que, en cuanto se queda mano sobre mano, la mujer desempleada suele asumir de manera natural  el papel de ama de casa y cuidadora familiar que había encomendado a medias a profesionales o colaboradores para poder participar en el mundo laboral . No quiere decir esto que los hombres que se quedan en paro no se impliquen más en las tareas domésticas, que algunos sí lo hacen. Lo que quiere significar es que la mujer encuentra que su segundo trabajo, el que le esperaba cada día en casa después de terminar su jornada laboral remunerada, reclama ahora toda su atención. Sobre todo cuando, como suele ser el caso, su desempleo conlleva una importante disminución de los ingresos familiares que es preciso compensar reduciendo otros gastos, como los de la empleada de hogar o los cuidadores de niños y ancianos.

Si además convenimos que las mujeres, en calidad de cuidadoras de niños, enfermos y ancianos, van a ser las principales paganinis de los recortes en Servicios Sociales que están ejecutando todas las administraciones a causa de la crisis económica, ¿cabe ya alguna duda de que existen muchas mujeres desempleadas pero muy pocas paradas? Para mí no.

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