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OPINIÓN. Apasiónate de Dickens. Por Jesús Pedreira Calamita

La existencia de Aniversarios siempre es buena para volver a recordar la vida y la obra de una persona insigne. O las circunstancias que dieron lugar a un acontecimiento memorable.

Volvemos a leer, ver exposiciones de cuadros, o asistimos a jornadas referidas al Aniversario que celebramos.

En esta ocasión me estoy refiriendo al 200 aniversario del nacimiento del insigne escritor británico Charles Dickens. Ciertamente leí varias obras suyas, pero hace bastante tiempo.

Parece que ya no estaba de moda. Sin embargo, su Bicentenario lo ha vuelvo a poner en boca de todos.

Además, en el caso español, aún es más trascendente. Se acaban de editar nuevas traducciones, que hacen que en algún caso, parezca un nuevo libro por la frescura y agilidad que ha logrado el genial traductor. Que se trata de casi 800 páginas, ningún problema. Se leen con rapidez, y, sobre todo, se disfrutan. El sabor de lo añejo en pleno siglo XXI.

Dickens logró retratar como ninguno la realidad de la más importante población, del más importante país del siglo XIX: Londres. Toda gran urbe, tiene además de rico patrimonio y lugares donde se cuece todo el entramado político y militar, otra parte no tan querida de enseñar por las autoridades: los focos de pobreza, escasez, y ruina humana y económica.

Dickens supo retratar con maestría a los más necesitados: amó a los que no eran amados, quiso a los que no eran queridos.

Si el escritor británico hubiera vivido en el siglo XX, su retrato podría tener una equivalencia en el Soweto de la racista Sudáfrica, en las favelas de Río de Janeiro, en cualquier territorio de Somalia o Etiopía, o en el Sahel.

El retrato de la sociedad victoriana de fines del siglo XIX había elevado tradicionalmente a la literatura a los grandes aportes a la humanidad de los británicos. Ya fueron demoledores algunas críticas a su expansionismo africano.

Pero Dickens hurgó en la herida más dolorosa. En el Londres épico, imperial, burgués por antonomasia. La de los desamparados.

¿Autobiografía? En cierto sentido, sí. El propio Dickens de pequeño, tuvo que deambular por la ciudad, tras ser abandonado por su propio padre.

Dickens primero fue periodista. Y después genial novelista. Su crítica social no estuvo, sin embargo, exenta de humor e ironía.

Es bueno que se recuerden a los escritores universales.Y que los volvamos a leer.

Apasionémonos con Dickens. Bien con “Oliver Twist”, bien con “David Copperfield”, bien con “Grandes esperanzas” –quizás su propia autobiografía.

 

Jesús Pedreira Calamita. es Licenciado en Derecho, Sociología e Historia

 

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