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Cuatro años del atropello en La Gaceta de Canarias

Juan Velarde. Hoy hace exactamente cuatro años que La Gaceta de Canarias ponía proa al marisco, rumbo a una historia segura de defunción. Un empresario con menos principios que finales, llamado Fernando Peña, tomó, posiblemente, la peor decisión de su vida, que fue cercenar los derechos de los trabajadores dejando fuera al comité de empresa. Eso sí, muy valiente él (léase como una ironía) no fue capaz de ponerse delante de la puerta del nuevo local que ocupó el rotativo tinerfeño y mandó cual cancerbero al entonces director, Joaquín Catalán, para que impidiese el paso de los miembros del comité al edificio.

Desde ese 1 de marzo de 2008, el futuro de La Gaceta de Canarias quedó sentenciado, sobre todo porque el empeño de un empresario, que de periodismo entendía menos que una universidad de analfabetos, en hacer las cosas a su manera, es decir, por las bravas y porque a él le sobraba el dinero (sic), hizo que el proyecto prometido a cinco años acabase reducido a poco más de cinco meses.

Lo curioso es que desde que a este caballerete se le interpuso la primera denuncia en los juzgados, han pasado 1.460 días sin que la Justicia haya resuelto definitivamente el conflicto. Es más, cuanto más se indaga, más porquería se encuentra, más trabas judiciales para solventar el caso, para sacar a la luz la verdad de los hechos. Durante este tiempo se ha visto de todo, hasta juzgar de diferente manera dos hechos idénticos, a un trabajador se le reconocía la antigüedad y a otro no, entuerto que luego tenía que acabar deshaciendo el Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

La verdad es que ya somos muchos trabajadores que, sin olvidar la pasta gansa que este empresario de la harina y el ladrillo nos adeuda, estamos a otra cosa, en otras ocupaciones profesionales, pero desde luego no vamos a perdonar un solo euro. Fíjense que aunque sea solamente por una cuestión de orgullo, no me importaría esperar dos o tres años más a percibir las cantidades que este sujeto me adeuda con tal de que sea él y sólo él quien pague su inconsciencia. Bastante jodido de dinero anda el FOGASA como para que encima le sigamos esquilmando lo que, además, ya no tiene.

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