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CONSUMO. El ‘boom’ del champú para caballo

SINC / Verónica Fuentes.- En época de crisis, las grandes superficies han encontrado un producto que ha disparado sus ventas. Aunque los fabricantes de cosmética animal ya conocían su uso en humanos, desde hace unos meses el champú para caballos ha vivido un verdadero boom. Mientras los consumidores alaban sus prodigiosas propiedades, los dermatólogos minimizan sus efectos.

Se conoce popularmente como champú de caballo, aunque la loción que se ha comercializado para uso humano está compuesta, entre otras sustancias, por biotina, una vitamina del grupo B que interviene en el metabolismo de los hidratos de carbono, grasas, aminoácidos y purinas.

De un uso exclusivamente veterinario, para conseguir un aspecto suave y sedoso de la crin y la cola del caballo, ha pasado, tras un boca a boca voraz y su comercialización en varias grandes superficies, a ser recomendado por los gurús de la moda y la estética por sus supuestos efectos en el cabello: mayor brillo, más fuerza, protección contra la caída, etc.

El pasado 2 de febrero, la ilusión popular por el milagroso jabón se dio de bruces con la ciencia, cuando la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) emitió un comunicado en el manifestaba una postura escéptica sobre sus propiedades: “Los champús son unos cosméticos que sirven para lavar el cabello. En algunas ocasiones pueden ser beneficiosos en el tratamiento de patologías de cuero cabelludo, pero en modo alguno tiene eficacia sobre la caída del cabello ni sobre su prevención”.

 

Los consumidores alaban sus prodigiosas propiedades pero los dermatólogos minimizan sus efectos

 

Sin embargo, las virtudes de este champú han sido ensalzadas de forma recurrente por miles de consumidores en foros y blogs. Hasta se le ha atribuido la capacidad de acelerar el ritmo de crecimiento del cabello.

Es ahí donde se ha desatado la polémica. “La biotina no se absorbe a través del cuero cabelludo, por tanto no sirve añadir esta sustancia a ningún champú, ya que este no tendrá ninguna propiedad”, afirma a SINC Ramón Grimalt, dermatólogo y coordinador del Grupo Español de Tricología de la AEDV. “Hacer creer a la gente que les va a mejorar la salud del pelo es falso”.

La culpa la tiene la biotina, pero ¿de verdad se ha anunciado este champú como un milagro contra la caída del cabello? Guillermo Picabea, portavoz de los laboratorios Bilper y veterinario de su gama de cosmética animal Menforsan, que comercializa uno de los champús de caballo más vendidos, no entiende la controversia: “Siempre hemos dejado claro que se trata de un efecto capilar, de la raíz a la punta. En ningún caso se ha afirmado algún efecto sobre la caída”.

La historia del éxito. “Tras años de comercializar el champú para caballos, registrado para consumo zoosanitario, y dado el interés de algunas grandes compañías, se adaptó la fórmula al consumo humano. Sabemos que su venta es buena, los comerciantes están contentos”, aclara Picabea. “Queremos dejar claro que en ningún caso se ha vendido como crecepelo ni anticaída, sino para mejorar ciertas cualidades cosméticas, como anuncia el envase”.

Lo cierto es que en la publicidad del champú, ‘acusada’ de fraude por algunos expertos, no hay ningún tipo de alusión sobre la caída o el crecimiento del cabello. El envase, que lleva una etiqueta con una cabeza de caballo, tiene un lema directo y conciso: “Protege, fortalece y abrillanta”.

“Parece que todo se debe a la opinión de los usuarios descrita en numerosos foros y blogs, pero son opiniones personales de los consumidores que nosotros en ningún caso hemos hecho públicas”, continúa Picabea. “Tenemos claro que se trata de una moda, como fue la baba de caracol o la queratina. El problema es que no se meten con otras marcas ni otros tipos de champús que sí anuncian efectos milagrosos”.

Ninguna contraindicación en su uso. Desde el laboratorio quieren dejar claro a los consumidores que no existen efectos secundarios ni perjudiciales en el uso de esta loción en humanos. Este parece ser el único punto en común con los expertos. “¿Contraindicaciones? No, que yo sepa, aunque si no conocemos su composición y pH no lo podemos asegurar”, subraya Juan Ferrando, miembro de la AEDV.

Las cualidades cosméticas no preocupan a los dermatólogos. “Es como si alguien se quiere poner una mascarilla –aclara Grimalt–. Esto no afecta a la salud del pelo sino que mejora el aspecto. Mientras que se tenga esto claro, no hay problema”.

Efectos no contrastados. Hasta el momento, no existe ningún estudio que avale o desmienta sus propiedades. “Es cosa de los dermatólogos empezar a investigar si los efectos que miles de usuarios achacan al champú tiene fundamentos científicos”, comenta el veterinario de los laboratorios Bilper.

“Sus propiedades se podrían estudiar fácilmente mediante microscopía electrónica, con microanálisis de rayos X, por ejemplo”, apunta Ferrando, aunque los expertos se mantienen firmes en que en ningún caso la biotina se absorbe por el cuero cabelludo.

¿Y qué hacer si lo que le preocupa es la caída? “Ante la pérdida de cabello, se debe acudir al médico para que analice por qué se cae el pelo y, si existe una causa corregible, seguir un tratamiento”, insiste Grimalt. “El especialista tiene que ser el que diagnostique y luego, si es necesario y posible, aplicar el tratamiento y no perder el tiempo en darse lociones supuestamente mágicas”.

¿Por qué compramos cosméticos? Un estudio del año pasado de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) afirmaba que las consumidoras de cosmética compran estos productos principalmente por razones emocionales. El trabajo, que se realizó sobre cremas faciales (hidratantes y nutritivas, con o sin base de color, y antiarrugas) y cremas corporales (reafirmantes y anticelulíticas), revela que entre las emociones positivas que provocan los productos de belleza se destaca la sensación de bienestar derivada de la eliminación o reducción de los sentimientos de preocupación y culpa, que es la variable que más influye.

Paradójicamente, los autores señalan que, para que la marca pueda proporcionar esta experiencia emocional positiva, ha de crear primero en la consumidora sentimientos negativos sobre sí misma, tales como la preocupación y la insatisfacción con su aspecto. Desde el punto de vista utilitario, los investigadores observaron que enfatizar en el diseño de los envases (atractivos, que hagan parecer al producto o la marca técnicamente superior, excepcional y única) interviene también a la hora de la compra.

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