Salvador García

PESPUNTE CON DEDAL. Más respeto para menos telebasura. Por Salvador García

Ha definido Gloria Serra, que conduce el programa “Equipo de investigación”, en Antena 3 (antes estuvo en “La Noria”, de Tele 5, aportando con mucho rigor los planteamientos documentales y de análisis), que “la telebasura es hacer un programa sin respetar al público”.

Y no hace falta extenderse mucho más, en efecto, para comprender de una vez por todas que tantos subproductos como circulan por algunos canales televisivos están elaborados no sólo sin unos mínimos patrones de calidad sino que parecen concebidos para espectadores a quienes se toma por tontos o discapacitados culturales, tal es el grado de superficialidad, tendenciosidad, manipulación y lenguaje inapropiado que se utiliza. O sea, todo menos rigor periodístico. Todo, menos la debida consideración hacia quienes están ante la pantalla.

La propia Serra llega más lejos al señalar que “hay espacios informativos, mal llamados informativos que son telebasura misma”. Pensar que el telediario de una de esas cadenas privadas, según dicen, es el segundo más visto del país, es para temblar y para preocuparse seriamente.

Pese a que algún rayo de luz penetre en las intrincadas y cuasi imposible medidas correctoras, como fue aquella reacción de publicistas y anunciantes que respondieron a la idea de boicot lanzada desde una red social digital, no hay que hacerse demasiadas esperanzas. Ya se advirtió hace unos años, cuando fue firmado aquel Código de autorregulación sobre contenidos televisivos e infancia, poco respetado y con flagrantes incumplimientos, principalmente en lo concerniente a determinadas franjas horarias, cuando se supone que hay niños ante el televisor. Ni las sanciones pecuniarias frenaron la incontinencia de guionistas, presentadores, programadores y tertulianos.

El problema, por cierto, se acentuaba en Canarias, por aquello del horario que dejaba aún más desprotegidos a los menores, como pusieron de relieve las representaciones sindicales y, si la memoria no es infiel, el mismísimo Enrique Múgica cuando ejercía como Defensor del Pueblo.

Se podrá decir que es una cuestión de gusto o sensibilidad pero hay que compartir la apreciación de Gloria Serra: no se tiene en cuenta el otro lado de la pantalla, quiénes están ahí. El respeto, en esos espacios, en esas telepredicaciones insufribles, en esos informes sesgados, en esa sucesión manejada de imágenes, en esas pseudotertulias donde a veces no se entiende nada, en esos programas donde preponderan las descalificaciones y los improperios, el respeto, decíamos, brilla por su ausencia acaso porque se parte de una premisa: todo vale.

Y no es así.

Claro que, contra eso, sólo queda la libertad y la facultad de elegir. Menos mal.

Salvador García Llanos

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