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EL PERDIGUERO. Este país se llama España. Por Fernando Fernández

Ahora que Rubalcaba quiere que el PSOE tenga la misma voz en toda España, harían bien sus militantes y (menguantes) cargos públicos en utilizar el nombre de España cuándo hablen de este país. Y ahora que el ministro Margallo quiere poner en valor la marca España, haría bien en lograr que cuando las ministras (y ministros) hablen en público, digan España y no este país. Lo digo a propósito de las comparecencias de la todopoderosa Vicepresidenta del Gobierno, que junto a la eficaz Ministra de Empleo, tras el Consejo de Ministros que aprobó el proyecto de ley para la reforma laboral, no nombraron una sola vez a España y repitieron machaconamente el sucedáneo este país, como una muletilla cada vez que les abandonaba su inspiración discursiva.

Porque el lenguaje nunca es inocente y detrás del uso que hacemos de él siempre se esconde algo. Y deberían saber  que lo de este país fue una creación del  fundador del Partido Nacionalista Vasco, aquel pedazo de intelectual de mente abierta, con tanto odio a España que para evitar siquiera mentarla, cuando debía referirse a ella decía este país, para no ensuciar su escrupulosa boca con el nombre de España.

Don Sabino Policarpo Arana fue el fundador del nacionalismo independentista vasco y aunque muriera antes cumplir los 40 años, dejo plasmada su ideología en una numerosa producción poética y prosística, como autor de numerosos libros y centenares de artículos de prensa, cuya lectura no recomiendo porque, según sus propios seguidores, defensores de su legado, sus indudables tintes xenófobos y racistas solo pueden interpretarse en el contexto del tiempo en que fueron escritos, a finales del siglo XIX, después de una intensa peripecia vital que le marcó. Procedía efectivamente del muy liberal carlismo que tuvo en jaque a España en sucesivas guerras civiles, las Guerras Carlistas que arruinaron nuestra convivencia en aquel desgraciado siglo de nuestra historia. Después de una estancia en la industrial y próspera Barcelona de la época, su pensamiento evolucionó hacia posiciones nacionalistas propias del romanticismo más decimonónico, adobado con dos ingredientes, su acendrado catolicismo y su peculiar idea de la raza vasca, un cóctel de alto poder creativo en término de progreso intelectual.

Este personaje del que tuve conocimiento durante mis casi 10 años de residencia en Pamplona, fue el creador del sinónimo este país,  que a la muerte del Caudillo de España, por la Gracia de Dios,  nuestros progres adoptaron como propio porque, como Don Sabino Policarpo, también creían que nombrar a España tenía connotaciones negativas y pensaban que era cosa  propia de la dictadura.

Que esa majadería la utilice la izquierda española no tiene un pase, pero que lo repitan las ministras y los ministros del PP es sintomático y seudoprogre, que ya es la leche. El PP tiene en su sede de la madrileña calle Génova un estudio audiovisual en el que sus líderes y aspirantes a serlo reciben entrenamiento para mejorar su imagen en las pantallas de televisión. De ahí que con frecuencia tengan una similitud gestual, por ejemplo, en el manejo de sus manos cuando hablan en público. Pero si el lenguaje de los gestos es importante, mucho mas son las palabras, así que sugiero a quien corresponda que más España y menos este país. Sobre todo si se es miembro(a) del Gobierno de España, esa marca superviviente del zapaterismo, que en algún momento (supongo) desaparecerá de la propaganda gubernamental.

Fernando Fernández

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