Carnaval SOCIEDAD

OPINION. Reinas en el olvido. Por Javier Zerolo

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Ay, pobres Reinas del Carnaval de Santa Cruz. Guapas representantes de barrios de la capital que tras ser coronadas y disfrutar de unos pocos honores durante la fiesta, son olvidadas y no reconocidas como debieran. Cualquier concurso de belleza lleva siempre aparejado un premio económico, trabajo seguro, regalos importantes… Pero en la fiesta chicharrera, en la celebración de la exaltación anual de la belleza santacrucera, a la que adorna además increíbles fantasías, la máxima aspiración de la ganadora es un reloj de marca media, un diploma o un viaje a algún Carnaval del mundo en el que nada de turismo y sí enorme esfuerzo y curro para dejar buena imagen de la ciudad que la vio nacer.

Además de la habitual polémica sobre Gala buena-Gala mala, director brillante-director `metepata´, lo que siempre nos queda de la elección es la abnegada chica que tras ser convencida por diseñadores, familia y finalmente el grupo o empresa al que represente, entrega lo mejor de sí para competir y ser la máxima figura de nuestra fiesta, el icono o logotipo vivo fundamental del Carnaval. Sin embargo, el Ayuntamiento no ha valorado nunca -en su justa medida- el esfuerzo y amor que estas jóvenes entregan a su ciudad.

El más claro ejemplo de ello fue la reciente operación del hijo de Ana María Tavarez, Reina en 2009. Fueron las redes sociales primero y algún medio de comunicación después las que impidieron que el joven matrimonio perdiera a su hijo Giovanny, por carecer de medios para la asistencia específica que necesitaba en Madrid. Pero sin llegar a casos extremos, la historia del Carnaval nos depara olvido permanente de las reinas.

La juventud, frescura, simpatía, entrega y predisposición a representar lo mejor posible la ciudad debería tener premio. Cualquiera que tenga edad y memoria suficiente, se acordará de ésta o aquella candidata que llegó a ser Reina por cautivar, no sólo el corazón de los jurados sino el amor y complicidad de su pueblo. ¿O nadie recuerda el contonear -la primera en hacerlo hasta entonces- de la guapa Seve?, aquella chica de El Cardonal que logró ser coronada con un `menéame´ de aquí te espero. Desde que en 1965 María de los Ángeles Gimbernat lograra el cetro, hasta la más reciente ganadora Naomi Cabrera Pulido, ninguna corporación ha tenido la ocurrencia de recompensar adecuadamente a las casi 50 Reinas del Carnaval.

En Santa Cruz de Tenerife sólo una Reina ha sido convenientemente homenajeada y reconocida, Celia Cruz, jamás votada por un jurado sino por más de 250.000 personas bailando sus canciones. Ya es hora de homenajear al resto. Pongan ustedes, señores políticos, un busto de cada Reina en cualquier plaza o esquina del barrio que las vio nacer. Escriban sus nombres a nuevas calles. Convóquenlas a un acto en el que agradecerles lo que han hecho por la capital. Incluyan como premio a la ganadora la correcta preparación y un puesto de trabajo en la administración local (como persona de confianza o contratada ajustada a la Ley). Hagan algo. Den señales de agradecimiento. Al menos, díganlo públicamente.

 

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