Juan Velarde

DESDE MI ESCAÑO. Realmente pinta mal. Por Juan Velarde

Lo de Iñaki Urdangarín y sus procelosos negocietes por ser quien era, es decir el Duque de Palma, empieza a tener muy mala pinta. Demasiados cabos saltos, demasiadas pistas, demasiadas evidencias y, sobre todo, demasiadas contradicciones. Si incluso el mismísimo Rey Don Juan Carlos tuvo que verse forzado a reconvenir al yerno perfecto porque la cuestión del supuesto mangoneo de capitales había sido tal que ya el escándalo no se podía tapar bajo ninguna de las maneras.

Los hechos, desde luego, no dejan en buen lugar a la institución monárquica porque nadie (o muy pocos así lo creen) puede dar hoy por buena la tesis de que no se sabía nada sobre las hipotéticas mañas de Urdangarín para hacer crecer y crecer sus negocios. Casado con una hija del Rey, nadie en su sano juicio puede creer que ésta estuviese callada ante los repentinos golpes de suerte económicos de su esposo. Es de todo punto imposible. Ella debía saberlo y, por tanto, en La Zarzuela tenían que tener fiel constancia de las andanzas del señor del balonmano, pero mientras nada se supiera, mejor mirar hacia otro lado.

juanvelarde@gmail.com

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