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PSICOLOGÍA. Con-vivir. Por José Oriol Rojas

Levantarse cada mañana tiene un sentido nuevo si eres consciente, de que cada una de tus acciones tiene un impacto sobre los demás y de algún modo sobre el mundo.

Cuando te das cuenta de esto adquieres una responsabilidad trascendente, y a cada paso te ves en la tesitura de tomar decisiones, que pueden facilitar la convivencia y mejorar a los demás, o pueden crear problemas y dañar a alguien.

Si calculas bien las consecuencias y en función de ellas eliges la clase de conducta que vas a realizar, tus acciones acabarán hilándose para construir una historia que está destinada a la construcción de un mundo mejor. Por lo menos en cuanto a tu entorno se refiere.

Asumir esa misión es emprender un viaje en el que se debe enfrentar peligros que ponen a prueba tu determinación y tu fuerza, pero sobre todo tu capacidad para tener en cuenta lo que el otro necesita antes de lo que necesitas tú.

Hace unos años las relaciones interpersonales estaban sujetas a las reglas del poder. El que lo tenía podía manejar y utilizar al otro para sus fines casi sin tenerlo en cuenta. Una suerte de esclavitud mal disimulada que era muy rentable y hacía mucho daño al que lo sufría. Se trataba de establecer las relaciones con la mirada puesta en la productividad y en el beneficio y esto formaba parte del sentido común, tanto en las instituciones como en las familias.

Contra todo sentido, hoy, entender a los demás como meros instrumentos al servicio de unos fines o de un poder,  no está erradicado. De formas sutiles en las sociedades «civilizadas» y de formas groseras en los países en «vías de desarrollo».  Hoy se siguen atropellando los derechos de los seres humanos, utilizando el chantaje, la amenaza, la ignorancia y los señuelos ilusorios, para extraer beneficio a pesar de que se atente contra la salud física y mental de las personas (infartos, úlceras, trastornos de ansiedad, síndrome de burnout, etc.).

La despersonalización ha sido la clave para llevar esto a cabo. Es la idea de que el individuo productivo carece de un ser subjetivo, que es un mero ejecutor de tareas. Un cuerpo carente de alma, o un salvaje nativo despreciable.

Afortunadamente en este particular momento de la historia, el gran debate sobre  la convivencia se ha empezado a abrir. La condición humana de los individuos no queda ya oculta tras el lugar que ocupa en la jerarquía de poder sino que es explícita y mesurable.

Por muy empleado o hijo que sea es ante todo una persona con derecho constitutivo a la dignidad y a la libertad y por tanto, las condiciones de participación en una empresa empiezan a ser objeto de negociación, desde el punto de vista de la preservación de su bienestar físico, mental, social y económico.

Sin embargo, puestos a señalar la primera y más importante de las consignas para el establecimiento de nuevos modos de relación y esta es la tesis que vengo a defender, todos debemos actuar de forma que aumentemos las posibilidades de elección del otro, extrayendo todo gesto de violencia o de fuerza de la relación.

Algo tan simple y tan complejo como eso es la clave fundamental para la nueva convivencia en una sociedad que mira hacia el futuro con anhelo y desea encontrar aplicaciones a la tecnología, más allá de lo meramente recreativo. Elegir aumentar las posibilidades de elección de los que te rodean, es justo lo contrario de la eficacia mecánica de la sumisión en la convivencia y precisamente lo que promueve la noción de red de la cibernética.  Más libres cuanto mejor conectados, mejor conectados cuanto más libres: mejores personas.

www.oriolrojas.com

2 Comentarios

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  • Acabo de leer por primera vez en este bloc,la verdad,me resulta interesante y necesario lo poquito que he visto,pienso que las relaciones con los demás y entre los pueblos en el mundo en general, no van a cambiar hasta que seamos conscientes de nuestros propios sentimientos y relación con nosotros mismos,de forma individual y,tan sólo luego, con respecto al que tenemos al lado….Hay muchas sombras inconscientes impidiendo que tengamos una unión sana interna,y me refiero a que, la mayor parte del tiempo nos relacionamos coaccionados por nuestros miedos inconscientes,y usamos el chantaje o el «poder» de forma socavada en las cosas más cotidianas y simples(compañia,dinero,sexo,»poder» dentro de la familia,los amigos…intereses casi imperceptibles y aparentemente sin mayor importancia…).Solemos ser inconscientes por ejemplo, en saber difenrenciar cual es la moral impuesta o nuestra propia moral,donde empieza nuestra persona y donde es ya una proyección de lo que nos han enseñado o de nuestras propias inseguridades.. Si no somos conscientes del porqué actuamos en cada momento de la manera que actuamos(aunque sea de forma secreta y anónima para los demás) no seremos conscientes ni siquiera de la necesidad de un cambio para nuestra felicidad en el paso por esta vida.No puede haber buena relación con nadie hasta que no nos atrevamos a que la relación con nosotros mismos y con los que nos rodean de forma inmediata y cotidiana,sea auténtica.
    Afortunadamente,donde haya un ser consciente(teniendo en cuenta que el trabajo de la consciencia es de toda una vida…y más…)y con el firme propósito de «levantarse» cada vez que sienta que no ha sido honesto consigo mismo y consecuentemente con el otro…se elabora una especie de «tela de araña» relacional,donde los que la rodean se ven beneficiados y al revés.

    Muchas gracias por tu aportación al mundo con tu bloc,si no te importa seguiré «metiendo mis narices» por aquí de vez en cuando….un beso fuerte

  • Buen artículo. Dada la condición humana actual . ¿ Realmente seriamos capaces de evolucionar en la relación que lleve íntrinseco el respeto? ¿Seremos tan generosos para enteponer las necesidades de los demás a las propias? Seguiremos soñando y deseando que algún día será posible, pero han de pasar muchos lustros, (como se suele decir). El camino será muy largo y angosto, aún estamos naciendo en el cambio de conciencias contaminadas y atroces. En una parte del mundo puede ser posible. ¿ Y en la otra?. ¿ Será una utopía ?.