Salvador García

Empleo entre comillas. Por Salvador García Llanos

El presidente de la CEOE, Joan Rosell, explicaba días pasados las «bondades» de los “miniempleos” que proliferan hasta el punto de que ya superan los siete millones de personas que los “disfrutan”. Sí, todo entrecomillado, porque las retribuciones son de cuatrocientos euros. Comoquiera que la fórmula crece y se consolida y las circunstancias se mantienen, el Gobierno de Merkel parece dispuesto a elevar el importe de esos sueldos a cuatrocientos cincuenta euros.

Rosell no hacía ascos, de modo que si la influyente patronal hace valer esta modalidad, la derecha que ya gobierna esta semana el país, con su mayoría absoluta, estará aplicándose en llevarla a la práctica: queden para el sindicalismo y los discursos teóricos lo del empleo precario. Y para el nuevo ejecutivo, los registros al cabo de los meses: hemos creado x miles de nuevos puestos de trabajo. El mensaje, propagandeado en positivo y sin dobleces, por supuesto, terminará seduciendo de modo que la gente no sólo se apuntará sino que aceptará resignadamente.

-¿Y qué otra cosa podemos hacer?-, se preguntará repetidamente.

Surgirá la duda maniquea: ¿qué es preferible: estar en el paro o trabajar unas horas por cuatrocientos euros? Desaparacerán las reivindicaciones, se dirá adiós a las condiciones dignas de trabajo, los controles y las inspecciones pasarán a mejor vida, la precariedad se convertirá en un concepto obsoleto y… a escapar que son cuatrocientos. Además, no incompatibles con alguna otra remuneración, según la “doctrina” alemana, abrazada por mercados y los gobiernos conservadores. ¿Les suena de algo el término picaresca?

Rosell defiende la idea como alternativa para los jóvenes pero lo cierto es que en Alemania se han apuntado hasta los pensionistas, añadidos a las personas maduras sin cualificación, parados de larga duración y mujeres infraempleadas o históricamente mal retribuidas.

Si el primer Gobierno de Rajoy introduce esta medida “incentivadora” en la reforma laboral, preparémonos sencillamente para contrastar y ahondar la división entre los avances técnicos y sus exigencias derivadas y la propia reforma que, como ocurre en Alemania, genera puestos de trabajo principalmente para las personas menos cualificadas y con salarios más reducidos.

El bienestar seguirá disminuyendo ante los mercados insaciables -ojalá se devoren entre ellos- y el conservadurismo se acentuará para evitar que sigan esquilmando. El mundo del trabajo (perdón: del “minitrabajo”) terminará imponiéndose, no importa que a duras penas. Total, qué son unas comillas más para un desaguisado galopante.

 

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