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CRÓNICA. La versión autóctona del ‘¡váyase, señor González. Por Carmen Ruano

Elblogoferoz / C. Ruano.- Como era de esperar, los diputados del Partido Popular aparecieron ayer por el Parlamento de Canarias, que celebraba su primera sesión tras las elecciones del 20N, henchidos de mayoría absoluta y dispuestos a restregarles su triunfo electoral a los socios del pacto canario, es decir, a socialistas y nacionalistas que no han cosechado, precisamente, sus mejores resultados. Con los del PSOE, en cualquier caso, no hizo falta ensañarse, la corbata que lucía el portavoz, Manuel Fajardo, ya era suficiente escarnio como para hurgar en la herida. Así que el presidente canario fue el blanco de las críticas.

Abrió fuego la portavoz del PP, Australia Navarro, a cuenta de las desafortunadas declaraciones de Paulino Rivero sobre el copago sanitario y del tirón de orejas que le propinó, al día siguiente y en plena campaña electoral, su diputada nacional Ana Oramas. Pero el presidente negó, como Pedro, tres veces, que dijera nada del copago: “el Gobierno, mi partido, y yo, hemos estado, estamos y estaremos en contra del copago”. Hubiera sido un poco más creíble si cuando se publicaron las declaraciones las hubiera desmentido sobre la marcha y no 24 horas después. Y hasta convincente, si no hubiera terminado su intervención hablando de que es partidario de “fórmulas imaginativas” para mantener el sistema sanitario público. ¿No pagar a las farmacias, por ejemplo?

 

Miguel Cabrera no desaprovechó la ocasión para restregarle a Paulino Rivero sus exiguos resultados electorales, pero Paulino no estaba allí…

 

Terminada la pregunta, Rivero debió pensar que era mucho aguantar que sus socios sucesivos, el CCN y NC, lo mortificaran públicamente –el primero echándose en brazos del PP y el segundo, presentando una enmienda de totalidad a los Presupuestos- así que abandonó el salón de sesiones justo cuando Miguel Cabrera Pérez-Camacho tenía previsto divertirse a su costa con otra pregunta malévola sobre las ‘perspectivas de trabajo’ del presidente del Gobierno a partir del 20 de noviembre, una versión autóctona del ‘váyase, señor González’ que popularizó José María Aznar cuando todavía no era bilingüe y sólo hablaba catalán en la intimidad…

El diputado del PP no se anda con chiquitas, así que descargó toda la munición disponible contra Rivero, al que tachó de “político irrelevante”, del que se preguntó si se dedicaría en el futuro “al magisterio, a estudiar el copago o las aguas territoriales canarias” y al que recomendó que “para que le hagan caso, puede pedir ayuda a la dictadura cubana o ir en helicóptero a Venezuela, aunque allí ya han dicho que le recibirán a gorrazos”.

Cabrera Pérez-Camacho, envalentonado por los resultados electorales, le dejó claro a Paulino Rivero que no intentara ser un “interlocutor creíble” con el nuevo Gobierno de Rajoy, le advirtió que no continuara amenazando con convertir a Canarias en un problema de Estado “porque nadie le hará caso” y por último le recomendó, casi cariñosamente, que “vaya pensando en su dimisión, sin prisas, pero sin pausa”.

Seguramente el presidente canario estaría subiéndose por las paredes, pero como no andaba por el salón de plenos no puedo jurárselo. Le tocó responder a Javier González Ortiz, consejero y chico-para-todo que además de lidiar con los Presupuestos y con el volcán de El Hierro, hace de muñidor de su jefe de filas.

Pero Ortiz, que debe tener muchas cualidades, no tiene precisamente, no ya capacidad de oratoria –en este Parlamento eso es mucho pedir-, sino al menos cierta facilidad para expresar con coherencia frases concatenadas con sentido. Y además, se tomó en serio los fuegos artificiales del diputado popular. Es decir, que en lugar de dar una respuesta mordaz, quizás ingeniosa, o zaherir al contrario, optó por un triste “seguimos trabajando”. Luego iba de sobrado explicando que no quiso dar juego a Miguel Cabrera, pero éste no sólo jugó, sino que se lo pasó en grande y ganó la partida. Afortunadamente, Paulino Rivero no estaba allí para verlo. Ni a Ortiz, ni a Cabrera Perez-Camacho, ni la corbata de Manuel Fajardo…

cruanovillalba@gmail.com

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