Gastronomía SOCIEDAD

BOCA A BOCA. Bodegas Tajinaste, fidelidad a la memoria y renovación. Por José L. Conde

Elblogoferoz / José L. Conde.- Dicen que lo prometido es deuda y, por tanto, hay que pagarla. Hace tiempo quedé con la Familia García Farráis para preparar un reportaje sobre los vinos que estaban elaborando en el Valle de La Orotova. Pasó el tiempo y, entre unas cosas y otras, fue quedando relegada su publicación en este blog, sin que nadie, es decir, quien firma esta crónica le pusiera remedio. Sin embargo, esta familia ha seguido trabajando fiel a sus principios y cada día que pasa sus vitrinas van quedando repletas de merecidos galardones. Y de un boca a boca que hace justicia al producto elaborado por las Bodegas Tajinaste, incluido en la Denominación de Origen Valle de La Orotava.

La historia de esta bodega surge en el año 1.977 como relevo generacional a una tradición vitivinícola de la familia García Farráis con unas cepas que las más viejas de las variedades listán negro y listán blanco fueron plantadas en torno al año 1914 con el singular sistema de conducción denominado cordón múltiple trenzado. Esta familia de viticultores trabaja con el máximo respeto del viñedo intentando fusionar tradición vitícola y enología moderna    que da como resultado  vinos blancos secos y afrutados, y tintos de maceración carbónica, tradicional, cuatro meses en barrica y vendimia seleccionada. Para algunos de los tintos se cultiva también la listan en cordón Royat en espaldera mezclada con la trenzada.

Al imperdonable olvido le ha ocurrido algo similar a los vinos, que como dice el refrán, con el paso del tiempo envejecen bien y, mientras, la calidad del producto ha ido mejorando considerablemente. Buena prueba lo es también el éxito cosechado en el extranjero y en Estados Unidos, gracias al joven y prometedor enólogo Agustín García Farráis.

Saldada la deuda, nos queda recordar el soneto del vino que escribió en su día Jorge Luis Borges que decía: «Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia /como si ésta ya fuera ceniza de la memoria» a la vez que se descorcha una botella para comprobar que se perpetúa la tradición de una familia vinícola.

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