Juan Velarde

DESDE MI ESCAÑO. Se ríen impunemente. Por Juan Velarde

Se están riendo de la familia de Marta del Castillo, se están carcajeando de la Policía, se están choteando de los jueces, fiscales y abogados, se están despiporrando de todos los españoles. Todos los implicados en la desaparición de la niña sevillana se han confabulado para enredar este caso que ya va para los tres años sin poder resolverse.

El problema es que tenemos un sistema que, aunque a Dios gracias es garantista, también permite toda una serie de disfunciones. De otra manera, no se entiende que cuatro mocosos estén dedicados en cuerpo y alma a cambiar las versiones de los hechos cuando les viene en gana, que se tapen entre ellos, que hoy se acusen y que mañana se desdigan porque insinúan que han sido fruto de un interrogatorio brutal.

Resulta paradójico que estos mismos elementos, bueno concretamente la madre de El Cuco, hayan conseguido lo que hasta ahora parecía imposible, poner en jaque a una cadena de televisión que ve con pavor como todos los anunciantes han decidido retirarse de su programa estrella. Telecinco está dando vueltas (nunca mejor dicho) al problema de la fuga de spots en La Noria por la entrevista que se concedió a la padre de este presunto cómplice de un homicida confeso y cobarde como Miguel Carcaño.

Todo esto pone sobre el tapete algo esencial, que tenemos un sistema judicial que protege en exceso al malhechor, que pone en solfa en demasiadas ocasiones los argumentos de la parte acusadora, que en el caso de los menores, lamentablemente, se ha establecido un mecanismo donde estos tienen todos los privilegios del mundo, saben muy bien donde están los resortes y los atajos para dilatar los plazos e incluso como acabar cumpliendo una nimia condena, verbigracia ’El Rafita’, el asesino de Sandra Palo.

En definitiva, mucho tiene que cambiar nuestra Justicia para que verdaderamente los ciudadanos podamos creer seriamente en ella. No es normal que cada vez que tenemos que acudir a un tribunal siendo la parte perjudicada tengamos que pensar cómo desmontar los argumentos de la parte acusada. Es lo que le pasa a la familia de Marta del Castillo, que al final parecen los sospechosos de la película. Así de surrealista.

juanvelarde@gmail.com

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