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CORTO… Y CAMBIO. La ‘indignación’ cultural. Por Carmen Ruano

Los empresarios de la Cultura en Canarias han puesto el grito en el cielo por el recorte presupuestario del Ejecutivo canario que, aseguran, constituye una sentencia de muerte para el sector. En su defensa no han escatimado datos, si bien es cierto que los mismos han sido proporcionados con una ambigüedad más que calculada: 3.800 -3.768 según el manifiesto- empresas, que dan trabajo a 16.000 personas –es decir, casi cinco empleados por empresa- y que genera, por consumo de bienes y servicios culturales, treinta millones de euros en IGIC. De la pérdida de empleo por los recortes presupuestarios sólo se habla de la desaparición de 4.500 puestos de trabajo en el ejercicio 2008/09, a pesar de que, según los mismos empresarios, en los últimos ocho años han sido capaces de crear 1.997 empresas culturales, que representan el 3,7% del total de las empresas culturales de España, ocupando en ese aspecto el octavo puesto del ranking nacional. De los beneficios que obtienen los intermediarios culturales no se aporta ningún dato. Del número de personas que han presenciado las actividades, tampoco. De lo que cuesta cada acto y de lo que perciben los trabajadores, los artistas o los creadores, como prefieran llamarlos, tampoco.

A modo de resumen, se definen de la siguiente manera: “Somos baratos, eficaces, innovadores, creativos y con poco hacemos mucho”. Y si esto es así, ¿a cuenta de qué viene tanto aspaviento? Y me pregunto, si la eficacia es una de sus virtudes, ¿cómo es posible que después de tantos años no hayan conseguido financiarse sin recurrir a la subvención, hasta el punto de que el recorte va a suponer una sentencia de muerte para el sector? Y eso, a pesar de que presumen de haber conseguido que “el consumo medio de cultura en cada hogar canario sea de 1.070 euros, el cuarto más alto en todo el Estado español”. Algo no cuadra.

Del cacareo cultural de los últimos días hay dos cosas que me desagradan. La primera, el descaro con que se intenta adular a Paulino Rivero para que dé marcha atrás en su decisión con frases como “la apuesta por la Cultura es de gente sabia y usted lo es, no me cabe la menor duda”, escrita y publicada por Martín Rivero. Fatuo intento que evidencia la debilidad de un sector que se autodenomina “productivo” y “emergente” y que implora una limosna, es decir, una subvención.

Lo segundo que me disgusta es la afirmación categórica de que “la Cultura que se podrá hacer será sólo para bolsillos de ricos y la brecha social, por tanto, crecerá”. ¿No habíamos quedado en que el consumo medio de cultura en cada hogar canario es el cuarto más alto del Estado? ¿No habían dicho que eran baratos, eficaces, innovadores, creativos y con poco hacemos mucho? ¿No será que su cultura no es rentable? ¿No será que estamos hablando de cultura para los bolsillos de los empresarios culturales? ¿No será, en realidad, que en vez de empresarios son sólo intermediarios?

En Canarias, desgraciadamente, sabemos lo que significa un intermediario. Martín Rivero cita a una escritora de Mozambique para apuntalar la importancia de la Cultura. Paulina Chiziane afirmaba que “los africanos necesitamos comer pero si no hubiésemos tenido el espíritu siempre vivo para cantar, bailar y contar cuentos hubiésemos desaparecido como pueblo”. Los canarios también tenemos espíritu para cantar y bailar. También necesitamos comer. Pero empezamos a estar cansado de la gente que vive del cuento.

cruanovillalba@gmail.com

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