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Cavando su fosa y la de nuestra cultura. Por Javier Zerolo

Decir lo que pienso y remover un poco las cosas, tanto en casa como en el trabajo, me permite tener muchos enemigos y pocos amigos, estos últimos, verdaderos. Saben cómo soy y que defiendo ideas por convicción, sin aparente interés. ¿Qué importa dar voz a opiniones impopulares? Me encanta discutir civilizadamente y argumentar. Esa es la clave. El argumento. Y disfruto enormemente cuando redondeo un razonamiento para hacer valer mi opinión.

Viene a cuento el inicio porque, aunque muchos piensan igual sobre determinados comportamientos políticos, pocos lo dicen en público, en periódicos y medios cuyos mensajes servirían para sonrojo de algunos y concienciación de otros.

Se me pone cara de mala leche cuando me entero de que Bono gasta dos millones de euros, con el Parlamento cerrado a la espera de elecciones, en teléfonos móviles para sus señorías. Me retuerce las tripas escuchar que el Ministerio español de Cultura regala -ya disueltas las Cortes- cinco millones de euros a fundaciones de los partidos políticos.

No logro entender cómo los que rigen el destino del gasto común dilapidan dinero en campañas para decirle a la población que el cáncer de colon y la gripe son malos. Pues claro que lo son, pero peores son el hambre, la falta de recursos para llegar a fin de mes, la desesperación de quienes no consiguen empleo o el abandono del necesario apoyo a los agentes culturales.

El despilfarro al que nos tienen acostumbrados los políticos, los de allí y acá, los de un color y otro -da igual, solo quieren colocar a los allegados y tener asegurados buenos sueldos- son patadas en los mismísimos. Y duelen cada vez más.

Lo más reciente en desequilibrio presupuestario llega con el definitivo hundimiento del tejido de la empresa sociocultural en Canarias. Algún listo de turno habrá catalogado ese gasto (habría que decir inversión) de superfluo, bajándolo casi un 70%. Qué ignorantes aquellos que roban cultura a su pueblo. Qué poco conscientes de que los festivales, hacer cine, exposiciones, actos y más actos culturales no solo permiten la subsistencia de talentosos artistas canarios, sino de un gran número de arriesgados empresarios y trabajadores. Productores, especialistas en escenografía, sonido, iluminación, animadores, medios y una extensa lista de ocupaciones que se ven beneficiadas de la inversión cultural.

Las cifras las han aportado quienes manejan bien los números. La cultura da trabajo a miles de personas en Canarias y, además, ofrece valor añadido al incrementar la sensibilidad y el arte de nuestro pueblo. Nadie discute que Canarias necesita hospitales, atención a los más débiles, mejor justicia, infraestructuras y trabajo, pero también que se respete la expresión artística que es generadora de empleo.

Quiten dietas, coches, tarjetas, viajes, prebendas, pero no cultura. Un gobierno que no respeta a su pueblo deja de tener validez. Los gobernantes que imposibilitan el normal desarrollo de la cultura son simplemente suicidas. Están cavando su fosa. Tiempo al tiempo.

http://www.javierzerolo.com

 

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