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REFLEXIONES EN VOZ BAJA. ¡Vota Rubaljoy! Por José Alberto Díaz- Estébanez León

Como cantaba Alejando Sanz, “no, no es lo mismo”. No se me vayan a ofender ni unos ni otros, porque no me gusta aquella expresión de “los mismos perros con distinto collar”. No digo que sean lo mismo, ni representen las mismas ideas, ni ofrezcan las mismas recetas, ni tengan el mismo crédito (de confianza política me refiero, que en el crédito económico yo no me meto con sus hipotecas personales y su bien ganado patrimonio, que ronda el millón de euros, según sus propias declaraciones patrimoniales en el Congreso).

Pero lo cierto es que el enorme descrédito en que ha caído la Política (y no sólo la política, seamos justos: a ver quién se fía hoy de los sindicatos, de las organizaciones empresariales, de los bancos, o prácticamente de cualquier institución política, social, económica, religiosa, militar o mediopensionista), ha llevado a que el desplome total y absoluto que se vaticina de un gobierno que cae en picado no venga acompañado por el más mínimo entusiasmo hacia quien debería encarnar su relevo y aspirar no al “quítate tú pa’ ponerme yo”, sino a liderar un proyecto alternativo, diferente, ilusionante… y que la verdad es que despierta menos entusiasmo que un honrado empleado de pompas fúnebres tomando medidas de cuerpo entero para un ataúd lacado de color caoba o gris cenizo.

Y es que asistimos a una contienda electoral tan curiosa y diferente que nos quedamos atónitos contemplando el inusual cambio de papeles por el que el partido del gobierno intenta lanzar desesperadamente propuestas electorales, la mayoría de ellas chocando frontalmente con lo que el mismo partido del mismo gobierno venido haciendo, con lo que tienen la misma credibilidad que el Dioni montando una empresa de Seguridad. Mientras, el partido de la oposición ha decidido no arriesgar ni un milímetro, no hacer ninguna propuesta que vaya más allá de clichés, frases comunes y eslóganes para los que tampoco se han quedado calvos (“vamos a crear empleo”, “vamos a bajar impuestos”, “vamos a hacer recortes drásticos, pero sin tocar ni una sola de las prestaciones sociales”, “vamos a multiplicar los panes y los peces”… ¿cómo? Ah, pillines… es que ustedes lo quieren saber todo. Pues ¡porque yo lo valgo, como L’Oreal!). Sencillamente porque no lo necesita. Sus cálculos electorales son tan certeros como descorazonadores desde el punto de vista democrático: no necesitan “ganarle” votos al PSOE, basta con conservar los suyos -los fieles, los mismos, los que ya tienen prácticamente garantizados porque votarían exactamente igual al chimpancé de Tarzán con tal de quitarse de encima a esa calamidad histórica llamada Zapatero- mientras el PSOE no le quedan ya más fuerzas que gritar aquello de “Virgencita, virgencita… que me quede como Almunia me dejó” (o sea, los 125 diputados del año 2000 frente a Aznar).

Si estará aburrida la cosa que han celebrado como algo novedoso la aceptación de un debate televisado (eso sí, sólo uno y en la Academia de Televisión, no vaya a contagiarse algo por hacerlo en la televisión pública), entre Rajoy y Rubalcaba. Pero en realidad despierta tan poco interés que Felipe González ha retado a José María Aznar no a uno, sino a cuatro debates. ¿Están chocheando? ¿qué van a debatir ellos? ¿cómo hacerles la puñeta a sus respectivos pupilos mientras se echan en cara una década después los GAL y el Trío de las Azores?

Me temo que ya nadie discute quién va a ganar, sino por cuánto va a ganar. Y no es poca cosa, porque eso también va a marcar la diferencia no sólo sobre qué se va a hacer sino cómo se va a hacer. Escuchando algunas “perlas” que empiezan a brotar de las bocas más atrevidas del PP que ya saborean por anticipado su victoria, relamiéndose como gatos (y no me refiero sólo a los “telepredicadores” de Intereconomía TV), es como para echarse a temblar. Decía el periodista Fernando Jáuregui hace unos días: “no es que se estén repartiendo las embajadas, sino hasta los consulados”, y no se refía a la política exterior, sino a que es un clamor popular (va sin segundas) que no hay ningún pudor para hacer quinielas y repartos no sólo de los futuros posibles ministros, sino secretarios de estado, delegados del gobierno y hasta Director General de la AEPI: Asuntos Extraordinariamente Poco Importantes.

Y en estas estamos, capeando el temporal económico de una Europa casi a la deriva y el terremoto social de una sociedad entre idignada y hastiada, mientras que canturreamos como si fuera una película de Berlanga para sumarnos al carro del que venga ¡Vota Rubaljoy! (…o vota Rajalcaba, qué más da).

http://www.josealbertodiazestebanez.com

 

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1 Comentario

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  • Como se le vé el plumero a quien escribe de forma y manera partidista,al de más arriba.Tanta recetas que parace tener y la única que se le divisa es la de quedar bien.Como puede hablar asi un individuo que está chupando y viviendo de la politica.Es él acaso el mejor o el ejemplo del todo transparencia y buen hacer.Se parte uno de risas por no decir de monumental cabreo.El solito se hace la propanga del avestruz.,la mortadela,el refresco y lo que le echen.Menudo Carnaval parroquiano su repertorio.No te digo.Mira que los hay falseantes.