Juan Velarde

DESDE MI ESCAÑO. Se mueve (o mueven) el Manzano. Por Juan Velarde

El Atlético de Madrid comienza a mostrar signos preocupantes. Con una plantilla teóricamente ilusionante (Falcao, Turán, Diego, Reyes, Adrián), el club de la ribera del Manzanares vuelve a pegar petardazos de marca mayor. Quienes se ilusionaron ante las goleadas contra el Racing de Santander y Sporting de Gijón han de ver como pasado mes y medio de competición ya estamos por donde solíamos, en la mediocridad más absoluta, sin rumbo definido, no haciendo un gol al arco iris y jugando permanentemente a la ruleta rusa. Lo del pasado domingo contra el Mallorca ha resultado definitorio de lo que está pasando en la entidad, juego insulso, jugadores que no se entienden entre sí y un entrenador, Gregorio Manzano, al que ya la grada ha cuestionado claramente. Su crédito puede caducar el próximo domingo, puesto que hay una doble cita esta semana que recién estrenamos (Bilbao y Zaragoza).

Es verdad que el técnico jienense no tiene toda la culpa, que las principales estrellas llegaron de una tacada en la semana previa al inicio del campeonato y eso le obligó a trastocar los planes con los que se había manejado en agosto. Sin embargo, con dos parones obligados por los compromisos europeos, el preparador rojiblanco ya debería de haber dado con la tecla y, sin embargo, estamos en lo de siempre, que cada partido es una incógnita, pero parece que la apuesta es amarrar empates por doquier. En esta liga ya se ha igualado tres veces a cero (Osasuna, Granada, Sevilla) y ayer a uno frente al Mallorca. Después, derrotas contra el Valencia y Barcelona y los dos triunfos ante los últimos de la fila, Racing y Sporting.

Evidentemente, repito, no todo el problema pasa por Manzano, sino por quienes maldirigen el Atlético de Madrid desde hace varios años. La bicefalia Cerezo-Gil Marín está llevando a la esquizofrenia a una hinchada que no sabe a qué carta quedarse, que pasada de ilusionarse a pedir tras el choque contra los baleares la cabeza de Manzano. Ese es el parapeto que le salva al tándem de arriba, al directivo, pero todos sabemos que en cuestión de una o dos semanas volveremos a escuchar en el Vicente Calderón las famosas rimas acabadas en ‘on’ contra el palco.

Lo peor de todo es que las grandes estrellas que han venido más alguna que se quedó finalmente en el Atleti van a empezar a bloquearse, a la paranoia colectiva, a ver fantasmas por todos los lados y ya sabemos que cuando no hay un patrón de juego, cuando encima sacrificas a uno de los pocos que se mata por el equipo sin tener tanto nombre, Adrián, la conclusión es que te puedes meter en una espiral muy peligrosa. Y lo peor que siempre ha pasado en la ribera del Manzanares es la indiferencia, la indolencia. Ya se sabe que a los ‘indios’ nos va la marcha, o luchamos por títulos o por salvarnos del descenso, pero quedarnos en puestos de nadie supone el abandono de la hinchada. Intuyo morbo esta semana, sobre todo cuando el Zaragoza de Aguirre, ex del Atlético, visite el coliseo madrileño. Sería de traca.

juanvelarde@gmail.com

 

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