Marisol Ayala

Mujeres que plantan cara al cáncer de mama. Por Marisol Ayala

“El cáncer de mama me ha reconciliado con muchas cosas; me ha enseñado a valorar lo que antes no valoraba, un baño en la playa, una reunión con amigos, una película, un paseo…”. Quien habla es una de las quince mujeres que han batallado y batallan contra la enfermedad y con las que cada poco tiempo tomo café, hablamos de nuestras cosas y cada una cuenta cómo va la vida; cómo les trata la enfermedad. Somos viejas conocidas, unidas en casi todos los casos por una relación profesional que con el paso del tiempo ha ido situándose más allá hasta convertirse en una amistad serena, distante, pero real. El Día Mundial del Cáncer de Mama se conmemora como fecha para recordar una enfermedad que en España sufre una de cada ocho mujeres. No es exactamente que se “celebre”, no; se recuerda la importancia de la prevención. Estar con ellas unas horas es sentirte pequeña y admirarlas más. En cada cita siempre descubro en alguna algo desconocido e incluso cada poco se suman a estas reuniones otras mujeres, jóvenes y menos jóvenes, que van sacando la cabeza después del golpe y desean compartir su experiencia, verbalizar su proceso con quienes mejor las entienden: Las iguales. Mis amigas tienen muchas curiosidades y muchas historias. Una de ellas, por su condición de extranjera, vivió la enfermedad sola en la isla con su marido, ambos suizos. Otra, también escasa de familia, la combatió en la soledadde su casa porque solo tiene un hermano y vive fuera.

Son mujeres admirables que lo comparten todo que se ayudan y se dan la mano cuando alguna pisa un jabón y que minimizan el delicado estado de salud de la compañera de la esquina que atraviesa una mala racha.

Cuando hace unas horas nos vimos decidimos que lo mejor era hacer de la reunión una fiesta, unas risas. Y así fue porque de pronto una empezó a contar cómo palió la pérdida de un pecho (mastectomía) para acudir a una fiesta en la que quería estar espléndida. “Nada; me coloqué en el pecho que no tenía un objeto redondo para disimular el vacio y tan guapa que iba con mis dos tetas”. Risas. Otra, con la misma gracia, relató el día que le pidió al cirujano que las rayas de rotulador que debía pintar para pasar luego el bisturí las realizara en el lugar preciso con el fin de poder lucir más tarde un traje de tiras sin que se vieran las huellas de la intervención.

Otra contó que un día después recibir el alta hospitalaria después de perder los dos pechos se fue a casa, se puso el traje típico canario y acudió a la Fiesta de Las Nieves en Agaete. “Fue la fiesta en la que más he disfrutado”. Para otras cantar, pertenecer a grupos de musicales, ha sido su terapia. “Hoy sé”, cuenta otra, “que el médico le dijo a mi marido que se preparara para lo peor, pero se equivocó. De eso hace 17 años y aquí estoy”. El cáncer de mama no respeta edades y ellas lo saben porque la más joven de grupo, 38 años, contó que tenía la ilusión de quedar embarazada. Justo cuando estaba llevando a cabo reconocimientos para iniciar el alegre proceso de su maternidad se tocó un pecho y notó un bulto…Lidia, Rosa Mari, Leo, Matilde, Ana, Pino y tantas otras son mujeres de una pieza que luchan optimistas contra una enfermedad en la cual la presencia de maridos, compañeros e hijos ha sido tan eficaz como la misma medicina.

Pero también han vivido momentos amargos y duros porque escuchar “tienes un cáncer” aún retumba. “Yo soy una mujer fuerte pero cuando me dijeron que tenía cáncer de mama pensé en morirme. Recuerdo que cuando perdí un pecho disimulé el vacio llevando siempre un bolso pegado al cuerpo; no quería que nadie lo notara y luego, cuando se me cayó el pelo, ya no quise saber de pelucas. No. Me rebelé tanto que hasta que no me creció me pasé los días y los meses en casa, en la ventana, en el balcón…”. Hoy tiene un pelo precioso que cuida con esmero. Vivir, es eso.

http://www.marisolayala.com

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