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EL PERDIGUERO. Argentina peronista. Por Fernando Fernández

Cualquiera que sea el resultado de las elecciones presidenciales que se celebrarán en Argentina el domingo próximo, una cosa es segura. Argentina seguirá siendo peronista. Decir esto no significa gran cosa, pues como me dijo un destacado político argentino, allí todos son peronistas.

Nadie duda del triunfo de la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que según las encuestas podría alcanzar un resultado histórico y ser elegida incluso en la primera vuelta. Por tanto, el interés no reside tanto en quien ganará la presidencia como en analizar la situación de la Argentina actual para entender ese resultado. Para ello conviene recordar algunos hechos y  datos.

Foto: Fernando Fernández

La Argentina de hoy viene del “corralito” que acabó con el gobierno de Fernando de la Rúa y de un periodo de inestabilidad en el que el país estuvo sin gobierno, el poder estaba en la calle, al alcance del primero que se atreviera a hacerse con él. Nadie lo logró y los militares no se atrevieron a hacerlo, lo que fue la única buena noticia de aquel periodo tormentoso. A la caída de De la Rúa,  Adolfo Rodiguez Saá fue elegido presidente por la Asamblea Legislativa. Permaneció en la Casa Rosada durante 7 días. Le sucedió el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires  Eduardo Duhalde, cuyo mayor mérito fue lograr llevar al país a unas elecciones un año mas tarde, en 2003, donde resultó elegido Néstor Kirchner, por incomparecencia de quien había sido el candidato mas votado en la primera vuelta, Carlos Menem, presidente durante 2 mandatos en la década de los 90.

Pido disculpas a mis lectores. No quiero que se pierdan. Todos ellos, Menem, Saá, Duhalde y Kirchner tenían en común haber sido caudillos de sus respectivas provincias, que es como llaman allí a los gobernadores, y todos pertenecían a una u otra facción del Partido Justicialista. Es decir, todos eran peronistas.

A finales de 2003 se celebró en Madrid una reunión de eurodiputados con miembros argentinos de Mercosur, todos ellos senadores. La delegación argentina la encabezaba el senador Jorge Capitanich, que había ocupado el muy importante e influyente cargo de jefe del gabinete durante la presidencia de Duhalde. Mientras esperábamos la cena en las terrazas del Gran Casino de Madrid, asistí a una acalorada discusión entre algunos de ellos, que mantenían posiciones radicalmente encontradas. Me atreví a preguntar si todos eran del mismo Partido Justicialistas, como yo creía, y ante mi estupor, uno de ellos me espetó:”Vos no sabés nada”. Después de la cena y mientras esperaba a un taxi para ir a  mi casa, cada uno de los senadores marchaba en alguna de las limusinas que les esperaban. Aquello me hizo recordar a Carlos “Chacho” Alvarez, ex vicepresidente en el gobierno de De la Rúa y presidente del Senado de la Nación, que había denunciado  vigorosamente “las coimas” de los senadores argentinos.

En marzo de 2008 visitamos la norteña provincia de Salta, “la linda”,  cuyo gobernador Juan M. Urtubey es una joven y emergente figura de la política argentina. Había sido diputado y líder del bloque justicialista. Mientras comíamos, hizo un brillante análisis de la situación política y social del país, entonces en un momento de gran crecimiento económico. Dijo que Argentina es un país homologable a cualquier otro del mundo occidental y al mencionar a las diferentes fuerzas políticas, desde uno a otro lado del espectro político, le interrumpí para preguntarle por su omisión del Partido Justicialista. No, respondió, peronistas somos todos.

Foto: Fernando Fernández

La respuesta del Gobernador Urtubey me trasportó a unos años antes, cuando en pleno corralito y en los estertores del gobierno de De la Rúa visité una fábrica de repuestos para automóviles en Berazategui, una “villamiseria” al sur del cinturón del Gran Buenos Aires. La empresa, quebrada, era autogestionada por los obreros y durante el trayecto escuché atentamente una discusión entre un funcionario europeo que nos acompañaba y un sindicalista argentino. Llegados al destino y antes de dejar el autobús, en una palabras que quisieron ser amables dije que había sido instructivo escuchar el debate entre las izquierdas de uno y otro lado del Atlántico. Yo no soy de izquierdas, protestó el argentino, yo soy peronista.

En marzo de 2008 visité Argentina y como ha sido habitual en todas mis visitas,  el país vivía otro periodo convulso. Cristina Kirchner había sido elegida presidenta meses antes y nombrado ministro de economía a Martín Lousteau, un joven  de 35 años, brillante economista formado en la London School of Economics. Mantuvimos con él una larga entrevista para conocer las causas por las que las organizaciones patronales del campo se habían levantado en pie de guerra, paralizando el país con sus tractores cruzados en las carreteras y decretado un lock-out agropecuario. El joven ministro, consciente de que la alta inflación constituía una seria amenaza para el futuro de la economía, pretendió una modificación del marco de la política fiscal que gravaba las exportaciones especialmente florecientes de la soja y el girasol. En medio de graves desórdenes y con la protesta llegando a las calles de las grandes ciudades, la joven promesa de la economía, del que algunos hablaban como de un futuro premio Nobel, fue cesado pocos meses después de su nombramiento.

Con este relato de algunas experiencias personales trato de esbozar las causas del mal argentino. El peronismo, celoso de sus privilegios,  permanece vivo en  la sociedad argentina; la memoria de Eva Perón es omnipresente y el populismo sobrevive y cubre todas sus actividades. Tomando como modelo el viejo caudillaje montonero, el populismo argentino trata de integrar diferentes movimientos multiclasistas,  formado por clases medias y trabajadores urbanos. En la medida que su retórica trata de cambiar el orden establecido, puede presumir de su carácter revolucionario, pero en realidad, los regímenes populistas, una vez instalados en el poder, no tratan de cambiar la sociedad ni de redistribuir la  riqueza, simplemente aumentan su influencia extendiendo el circulo de los beneficiados por la riqueza. La consecuencia fatal es que el populismo genera inflación y se convierte en una de las razones de las crisis que de manera cíclica padece Argentina.

Foto: Fernando Fernández

Esta es la situación actual y el motivo de la popularidad de Cristina Fernández. El país lleva creciendo de manera sostenida desde hace años, lo que no debe extrañar siendo, como es, un país lleno de recursos, una economía que crece sin parar desde la crisis del corralito hasta hoy mismo. Hoy en la noche porteña ya no vemos a aquellos “cartoneros” que buscaban entre las basuras algo de valor con lo que ganar unos pesos y llevar algún alimento a sus casas. Buenos Aires vuelve a ser la ciudad alegre y cosmopolita de siempre y en Puerto Madero, a orillas del Río de la Plata, surgen a diario nuevos centros comerciales y restaurantes llenos de viandantes. El histórico y remozado Luna Park luce en la noche, iluminado para la celebración de grandes espectáculos y conciertos, mientras en La Boca,  de cualquier calle y en cualquier esquina, las voces de Carlos Gardel y Edmundo Rivero y la música orquestal de Francisco Canaro nos llega con la melodía de los tangos de siempre y eternos.

Cristina Kirchner, apoyada en el oficialismo del justicialismo y en algunos dirigentes piqueteros surgidos del corralito, ha impulsado un proyecto de pretendida renovación ideológica de carácter trasversal, ya diseñado por su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, que incluyó a personalidades independientes, antiguos radicales y socialistas. Unos micrófonos abiertos traicionaron a la presidenta y candidata. “Lo vamos a conseguir, exclamó, y lo haremos a pesar del peronismo”, ignorando acaso que el resultado ha sido más peronismo. Su triunfo electoral se sustenta en el crecimiento económico y en el empleo, pero Argentina sigue teniendo una alta inflación, la inseguridad ciudadana y la delincuencia de baja intensidad con su lacra de secuestros exprés es un problema de primera magnitud. El deterioro de sus infraestructuras es visible y nadie menciona un hecho objetivo que a la poste es una cuestión clave de cara al futuro. La riqueza sigue estando hoy tan mal repartida como siempre. Puro peronismo.

Fernando Fernández

 

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