Juan Velarde

DESDE MI ESCAÑO. ¿Democracia interna? ¡Ja! Por Juan Velarde

Si existe un término manoseado hasta extremos pornográficos por los partidos políticos es el de la democracia interna. No hay formación que se precie que no acuse a la adversaria de que se carga el espíritu crítico, pero eso sí, cuando la purga es en casa propia entonces toca ahuecar el ala, apostar por la táctica del avestruz y si cuela, cuela. Al final, como decía Alfonso Guerra, el que se mueva no sale en la foto y si no que se lo digan a Gustavo de Arístegui, denostado por Mariano Rajoy en la bajadita.

El presidente del Partido Popular ha querido ajustar cuentas con alguno de los críticos del congreso de 2008 en Valencia y uno de ellos fue precisamente el señor Arístegui, un político válido, capacitado, gran conocedor de la geopolítica internacional y, por qué no, hasta un posible ministrable. Pero está claro que la labor desarrollada en estos tres largos años en el Congreso no le han supuesto la clemencia del líder de Génova. De forma inmisericorde lo ha fulminado de las listas a las elecciones del 20 de noviembre. Da lo mismo que estemos hablando de una persona capaz, aquí lo que ha primado es ser crítico al régimen y, por tanto, a la ‘siberia del destierro’.

Parece incuestionable, al hilo de lo que publican los periódicos todos los fines de semana, que la victoria del PP va a ser arrolladora, pero eso está provocando que aflore a la superficie una cierta actitud autoritaria, déspota, como ya creyéndose estar en el machito de esa mayoría absoluta y olvidando algo fundamental y esencial, que las elecciones aún no han sido y que los sondeos no son una ciencia exacta, precisamente y de ello tienen sobrada experiencia en la sede de Génova.

Por eso, a mí que no me vengan luego con cuentos que si en el PSOE, en IU o en UpyD quieren cargarse la democracia interna. Eso es un mal que le afecta a todas las formaciones, no gustan los disidentes, hay que votar en los congresos a la búlgara y eso al final no es nada bueno. Todos podemos estar de acuerdo en la necesidad de un líder fuerte. Es más, al final es lo que da un plus a la hora de llevar a cabo un proyecto político, pero la capacidad de encabezar una organización no puede ser un arma de doble filo para cargarte de raíz a quien no te baila el agua o quien expresa en su momento una opinión contrapuesta al pensamiento único.

juanvelarde@gmail.com

 

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