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CORTO… Y CAMBIO. Operación Cotufa. Por Carmen Ruano

Pasada la medianoche un comando de élite de la Policía Canaria abandonó el ferry de Fred Olsen y puso pie en tierras de El Hierro. Había comenzado la ‘Operación Cotufa’. Integrado por 18 hombres y tres mujeres, al mando del subinspector Rayco Hernández Bentor, constituía el contingente especial desplazado a la Isla para coordinar la crisis sísmica, aislar el fenómeno volcánico y garantizar la seguridad de la población herreña.

El subinspector Rayco supervisó personalmente el desembarco del material, compuesto por dos vehículos Citroën C4, 24 linternas, tres güalquitolquis, sacos de dormir, pellas de gofio bofrost para dos meses, siete navajas multiusos, dos destornilladores, un botiquín de Muface, cintacelo amarilla reglamentaria  para fijar cordones policiales, botellines de agua, siete metros de hilo de pescar y cinco silbatos.

Terminado el desembarco, el subinspector agrupó al comando y dio instrucciones a sus inmediatos subordinados: el sargento Zebenzui Padrón Padrón y la suboficial Iballa Morales Padrón, ambos oriundos de El Hierro y, por tanto, conocedores expertos del terreno donde iban a desplegarse. Tras el intercambio de información, el operativo de la policía canaria se dispersó por el muelle, encendieron las linternas, hicieron sonar los silbatos y agotaron dos botellines de agua.

El subinspector Rayco miró satisfecho a su unidad.

-¡Perfecto!, dijo a sus hombres. Manos a la obra, iniciamos la ‘Operación Cotufa’.

Casi 45 minutos después el dispositivo había alcanzado sus objetivos.

El ruido metálico del güalquitolqui sobresaltó al inspector Rayco que observaba desde La Restinga la mancha provocada por el volcán.

-¡Jefe, aquí Iballa!, tenemos rodeado el Lagartario. Todos los ejemplares han sido reducidos y puestos a salvo. ¿Qué hacemos con los huevos?

-¿Los huevos de quién?, preguntó sobresaltado el subinspector.

-¡clicktrash&clackbipscratchtzz!!

-¿Iballa, me copias?

-Sí jefe, tenemos interferencias, seguramente provocadas por la Guardia Civil, que ha detectado nuestra presencia. Repito, qué hacemos con los huevos de los lagartos…

-Evacúenlos también.

-Ok, recibido.

-Sargento Zebenzui reportando, ¿me escucha, jefe?

-Adelante, respondió el subinspector Rayco.

-Objetivo alcanzado. El túnel de Los Roquillos ha depuesto su actitud y a partir de mañana permitirá el paso de vehículos.

-¿Ha opuesto resistencia?

-En realidad, sí. Nos tiró un par de pedruscos en cuanto nos acercamos, pero lo acordonamos con la cintacelo amarilla reglamentaria y se avino a negociar.

-Esto…

-¿Sí, sargento?

-Tenga cuidado jefe.

El subinspector cortó la comunicación y respiró hondo. Había que culminar la última fase –también la más peligrosa- de la Operación Cotufa: reducir al volcán. Él y cuatro de sus hombres embarcaban pocos minutos después en un bermeano abandonado a su suerte en el muelle de La Restinga. Con sigilo se acercaron a la boca del volcán, que eructaba plácidamente piroclastos malolientes. Una vez encima de ella, el subinspector Rayco y sus hombres prepararon las pellas de gofio bofrost y, con rapidez, las arrojaron sobre la fisura que, al momento, quedó enyugada. Los policías volvieron a la costa con rapidez y se quedaron observando.

Cuarenta minutos después el subinspector llamó a un número privado.

-¿Estás con el presidente?

-Sí, respondieron lacónicamente al otro lado de la línea…

-La Operación Cotufa ha culminado con éxito. El microondas ha quedado sellado.

-¡Buen trabajo!, se lo comunicaremos al presidente.

El subinspector Rayco colgó satisfecho. El Hierro, por fin, se encontraba a salvo. Sus hombres, también. Y por supuesto, los lagartos. Y sus huevos.

cruanovillalba@gmail.com

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  • JAAAJJAAJJJJAAAAAAAAAJAJAJA…MUY DIVERTIDO NO HE PARADO DE REIRME. – FANTASTICO CARMEN -.