Juan Velarde

DESDE MI ESCAÑO. Flexibilidad comercial. Por Juan Velarde

La medida adoptada por la Comunidad de Madrid de dar vía libre a la libertad de horarios comerciales para todos aquellos establecimientos que tengan menos de 750 metros cuadrados supone hasta extremos insospechados una revolución que no sólo piensa en el consumidor, sino también en la posibilidad de que comience a moverse el mercado laboral y se puedan realizar nuevas contrataciones ante la perspectiva de un remonte en la cifra de ventas de esos negocios.

Cierto es que Madrid, en el aspecto liberalizador de los horarios comerciales ha estado a la vanguardia de España. Progresivamente, no sólo ha incrementado la cantidad de domingos y festivos en los que se permite la apertura, sino que ha hecho del centro de la capital un lugar de bullicio permanente con tiendas abiertas en el triángulo Mayor, Sol, Preciados los 365 días del año. Ahora, se propone que todos aquellos establecimientos menores de esos 750 metros cuadrados que deseen aperturar puedan hacerlo con total libertad.

Sin embargo, esta novedosa medida, que en realidad no lo es tanto porque el Gobierno de Esperanza Aguirre únicamente se está limitando a cumplir una directiva europea, la Ley Bolkestein, que permite esa flexibilidad máxima en cuanto a la libertad comercial; va a causar verdaderos quebraderos de cabeza entre aquellos que estaban acostumbrados a disfrutar opíparamente de su día de descanso, esos comerciantes anquilosados en el siglo XIX que presionaban y presionaban para evitar precisamente esto, que hubiese otros empresarios deseosos de abrir las puertas de sus negocios, aunque fuese a costa de sacrificar un domingo, pero poder llegar aseaditos económicamente a final de mes.

Al final, porque el mundo es progreso y todos queremos mejorar y contar con los mejores servicios, es lógico que no tenga que estar pendiente de que mañana sea domingo y no pueda hacer la compra. Comercialmente, me parece un avance que ya no tengamos que hacer la diferencia entre un lunes, un jueves o un domingo. Además, insisto, esta no es una ley que obligue a la apertura, como maliciosa y malevolamente se quiere vender desde determinado sector del pequeño comercio, sino que simplemente otorga una posibilidad, quien quiere abre y quien quiere no.

Eso sí, ya puestos, sería también deseable que a este medida comiencen a sumarse las entidades bancarias y las cajas. No parece normal que quienes son depositarios de nuestros capitales vivan a la bartola, con unos horarios que ríanse ustedes del funcionariado. Pero vamos, parece que estamos ante una batalla perdida en ese aspecto. No veo yo a los Botín, González o Rato teniendo que rascarse el bolsillo para pagar extras los fines de semana y festivos o estableciendo un turno de tarde.

juanvelarde@gmail.com

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