Marisol Ayala

Octubre me duele. Por Marisol Ayala

La columna que mi amigo Santiago Gil ha dedicado hace unas horas al mes de Octubre, un mes, dice, “propicio para que se renovaran todos los sueños” me anima a escribir estas líneas. Ya es sabido que cada uno es cada cual y baja las escaleras como puede, de manera que leyendo la sensibilidad que Santiago despliega en esta y otras tantas columnas, me han asaltado recuerdos que de nuevo han situado este mes en el compartimento memorístico de mis personales rechazos.

Pasa que de pronto, no sabes exactamente por qué, cada vez que transitas una plaza, determinadas calle o simplemente percibir un olor o un ruido alerta tu cuerpo y tu mente. Algo pasa. Algún recuerdo habrá sido capaz de activar la memoria, como un aplicado resorte, que te pone en guardia. No sabes por qué pero así ocurre o, al menos, así me ocurre. Para mí los olores y los símbolos tienen un valor principal; soy capaz de recordar el olor del tapizado del coche de mi madre o el del barniz dulzón que impregnaba el patio de casa cuando llegaba la faena navideña. Cuando recupero esas escenas de nuevo recupero en mi memoria el patio de casa y le devuelve al coche familiar una música que casi siempre tenía que ver con resultados deportivos. Asociación de ideas, asociación de olores.

Son por tanto recuerdos que están ahí, adormilados, como acechando. Octubre me acecha; nunca me gustó, no, pero estos días he sido capaz de reconocer  y verbalizar las razones de ese rechazo. Lo identifico con noches frías, de viento, de tabaco, de taxis, de madrugada, de carrera…de dolor. Perder a una de las personas que más has querido, mi padre, una madrugada del mes de Octubre me convirtió en su enemiga. Cuando el calendario avisa que llega con sus rotundos 30 días intento  transitarlo sin algarabía y no porque guarde -que lo guardo- aquélla pérdida, no; lo asocio al dolor y ni siquiera al dolor mío; al dolor de mi madre, una mujer enamorada y feliz, madre de siete hijos que vió como su marido de cincuenta y pocos años salió del periódico -ya saben de quien heredé la pasión por el periodismo- y un fulminante infarto acabó con su vida. Desolador.

Y este mes de Octubre de 2011 también está siendo un Octubre feo. No entraré en detalles porque son difíciles y dolorosos de explicar. Solo les diré que no me gusta Octubre y que cuando supero su último día me siendo liberada, en paz, como quien se quita un peso de encima. Así es la vida y así somos los seres humanos. De manera que hoy, Santiago, me has devuelto sin proponértelo, recuerdos tristes. No solo no me gusta Octubre. Es que cada vez me gusta menos porque hay ausencias que hieren con saña.

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