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EL ESCOBILLÓN. “Tú haz los dibujos, que yo ya pondré la guerra”. Por Eduardo García Rojas

Las primeras historietas de Tintín –Tintín en el país de los Soviets, Tintín en el Congo y Tintín en América– son las más mediocres de la serie que creó George Remi Hergé.

Como revelaba el mismo Hergé a Numa Sadoul en el libro Conversaciones con Hergé, las aventuras del sagaz periodista con flequillo hasta ese momento se habían limitado a una serie de gags con algo de suspense en el que no había nada construido.

Nada premeditado.

Se tratan estos álbumes de las primeras historias de un personaje aún sin la congoja del fenómeno que va a suscitar.

Su lectura exige un análisis desde la distancia sin disculpar al maestro por los pobres y bufonescos retratos que ofrece de los soviets, de los negros del Congo y de los norteamericanos (indios, vaqueros, gángsters) sin dejar por ello de admirar la obra de un escritor y dibujante que trasciende.

Que va mucho más allá del colorín.

Tintín, que de tanto en tanto salta al patio de la actualidad, es una vez más noticia ante el anuncio del estreno del largometraje que dirige Steven Spielberg y que produce Peter Jackson y también por los notables esfuerzos realizados por un ciudadano de la República Democrática del Congo residente en Bélgica, Bienvenu Mbutu Mondongo, para lograr sentar en el  banquillo por racista a Tintín en el Congo.

¿Que se pide de condena? que el álbum se retire del mercado en Bélgica o que incluya en su portada una advertencia que revele el contenido xenófobo de la historieta.

Tintín en el Congo se publicó hace sesenta años y mucho ha llovido desde ese entonces. Si usted es tintinófilo, sabe que Hergé fue madurando como artista y como persona. Como artista da un giro de 180 grados con su quinto álbum y una de sus obras maestras, El loto azul.

Puestas así las cosas estamos, una vez más, ante el debate siempre equívoco de hasta donde nos quiere  llevar lo políticamente correcto. Y a causa, en esta ocasión, por una historieta primeriza e idiotizante que ha cumplido sesenta años.

Por esta misma razón, deberían de sentarse en el banquillo películas, novelas y tebeos tan racistas como El nacimiento de una nación, Tarzán, el Guerrero del Antifaz y El Cachorro también.

O al menos insertar en sus portadas y carteles una llamativa advertencia sobre su contenido xenófobo.

¿Por qué no se ha hecho ya?

Un poco de historia.

William Randolph Hearst (dirigiéndose a su ilustrador, Frederic Remington, cuando éste le informa que no hay nada por lo que alarmarse en Cuba): “tú haz los dibujos, que yo pondré la guerra.”

Saludos, con una amarga noticia: Diario de un kinosofista abandona la red, desde este lado del ordenador.

Eduardo García Rojas en www.elescobillon.com

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