Marisol Ayala

Crecer bajo sospecha. Por Marisol Ayala

Lourdes Barreiros Acosta, 51 años, es una vecina de la capital grancanaria hija única que desde hace unos diez años trata de ordenar el laberinto de su vida tras conocer, primero por su madre, enferma de Alzheimer y luego por una tía, que había sido adoptada de manera irregular en la clínica Santa Catalina de Las Palmas de Gran Canaria. Con el paso del tiempo la clínica en su relato se convirtió en otro centro médico y más tarde una casa donde parece que en realidad nació Lourdes. Un sinfín de idas y vueltas que han marcado su vida. “Sólo quiero saber quién es mi madre y como y por qué se deshizo de mí, o si quienes me adoptaron pagaron algo por tenerme…”.

Lourdes es funcionaria de la administración pública canaria y fue la primera mujer en Canarias que sabiendo, o sospechando, de su adopción irregular, tal como ha revelado la investigación, dio la cara y dijo: “Quiero saber quién es mi madre aunque a mis padres adoptivos los adoré y siempre serán los míos y no otros. Sí, quisiera mirarla a la cara y preguntarle ¿por qué…?”. Hace diez años las dudas de Lourdes elevaron su listón de inquietud y la sombra de la adopción lo dolía mucho, le pesaba. Ella recuerda que “en el colegio los niños me decían cosas pero en casa me tranquilizaban con la excusa de que eran cosas de chiquillos”.

Lourdes, cuando eta un bebé

Sin embargo, con los años fueron surgiendo más y más dudas hasta que su madre, con un todavía incipiente Alzheimer “lo único que repitió hasta su muerte fue que yo no era hija suya; que nunca me había tenido en la barriguita”. Cree Lourdes que su madre vivió con el secreto mientras tuvo consciencia pero que la desinhibición que le produjo la enfermedad le traicionó y lo contó antes de morir”.

Aquella mujer a la que Lourdes adoró y cuidó hasta su muerte activó con esos comentarios todas las alarmas de su bebé, ya mujer. El primer paso fue hablar con su tía, hermana mayor de su madre, que restó importancia a la sospecha de Lourdes. “Pero hace siete u ocho la llamé a primera hora de la mañana y debí pillarla por sorpresa porque rompió a llorar y me confesó la verdad. Se derrumbó”. Le contó pues que “en marzo de 1960, en la clínica Santa Catalina una chica joven, de una familia adinerada de Ciudad Jardín, dio a luz a una niña que era yo”. Cuenta que seis meses antes de su nacimiento, según le relató su tía, “otra tía mía había parido a mi prima y ante la desilusión de mi madre, que tenía treinta y tantos años y no había sido mamá, la partera que la atendió le comentó que si quería un bebé, ella podría conseguirlo…”. En aquella España negra todo era posible.

Lo cierto es que hace diez años Lourdes ha emprendido una lucha por conocer su verdad, la verdad de su vida. Ha sido un camino duro, viajando de isla a isla, atendiendo cualquier resquicio por donde hallar un hilo del que tirar. Ha sido doloroso pero imprescindible: “Mi verdad, mi vida, me pertenece. Ya ha muerto mi madre, sé que no le haré daño y busco mi pasado”. Pasó que un día Lourdes vio en televisión a Antonio Barroso, en ese momento presidente de ANADIR, (Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares) y se unió al grupo de afectados que trataba de organizarse para citarse en Madrid y presentar una denuncia conjunta ante la Fiscalía y así lo hicieron. La primera mujer en Canarias que oficializaba ante los tribunales su condición de bebé robado durante el franquismo fue ella. Posteriormente su denuncia fue trasladada a la Fiscalía del TSJC donde se encuentra en la actualidad.

Lourdes Barreiro

“Mira; cuando me preguntan por qué quiero conocer, tantos años después a mi madre contesto que todos los adoptados tenemos el derecho a saber nuestra historia, saber la verdad. No solo es curiosidad, no, no, es una necesidad. Saber quién fue, por que, donde está mi madre, que cara tiene…En definitiva, conocer la historia que encierra mi vida. A veces me pregunto como me entregó a mi madre; ¿la obligaron?, ¿a quien me pareceré, a mi padre….a ella?. Son muchas las preguntas por contestar e incluso llegas a pensar con dolor que en un momento de tu vida te rechazaron y eso me angustia”.

“Sé”, subraya, “que en aquel tiempo ser madre soltera o tener dificultades para mantener a unos hijos eran motivos suficientes para quitarte un bebé y todo eso me causa dolor, mucho dolor”.

“Creo que en Canarias hubo una trama para sacar a bebés de los hospitales; y hablo por todo lo que a lo largo de los años he visto y oído… basta con ir por el cementerio de Las Palmas, en Vegueta, y mirar los libros de defunción de esos años. Es como si esos niños no hubieran existido porque no hay ninguna documentación; ni siquiera historiales clínicos de las madres, ¿Dónde están esas criaturas…?”. “¿Sabías, por ejemplo, que a la Isla de La Palma en aquel entonces le llamaban la Gran Incubadora porque de allí traían muchos niños para dárselos a familias de otras islas?”, pregunta.

Lourdes podría tranquilamente escribir un libro con todas sus amargan vivencias. “Quede claro, que mi partida de nacimiento la obtuve como cualquier ciudadana, en el Registro Civil. Mi legajo de nacimiento también. No tengo ningún problema con mis documentos ya que yo figuro como hija natural, no como adoptada. Eso justo hace que mi adopción sea irregular. Según me contaron nací en la Clínica Santa Catalina y fui entregada a una partera que se llamaba Antoñita; vivía en la zona de Arenales y que ella me entregó a mis padres. Mi legajo de nacimiento lo firma Rafael Ramírez Sintes. Pude haber nacido en una casa pero hay familiares que creen, incluso, que no soy de esta Isla, así que en realidad no sé donde nací”. Lamenta Lourdes que a algunos les moleste su insistencia en buscar la verdad: “Es triste pero muy poca gente entiende la situación”.

El caso de Lourdes puede ser ajeno a los tiempos que corren, de manera que le ha salido algún falso hermano en las redes sociales. Ella lo cuenta: “Si, si falsos hermanos que han aparecido en las redes sociales. No muchos porque casi nadie ha coincidido con mi fecha de nacimiento, (23 de Marzo de 1960), aunque, en realidad, dudo que esa fecha sea cierta. Si me preguntas que siento te diré que una alegría grande porque crees haber encontrado a alguien que puede ser de tu familia, que pueda tener tu misma sangre, si, si, mucha ilusión. A veces esta ilusión te dura muy poco porque si te pones a comparar fechas, parecidos, lugar de nacimiento, marcas en la piel, defectos y tantas cosas ves que no tiene nada que ver contigo, llega la desilusión y a veces la desesperación. Pero bueno, eso es lo que tiene esta búsqueda; unos días estás en la cima y otros por el suelo. Al final como yo digo, fue bonito mientras duró…”

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