Juan Velarde

DESDE MI ESCAÑO. Gatillazo educativo. Por Juan Velarde

¿Le preocupa la educación de sus hijos? ¿Tiene la plena seguridad de que no están adoctrinando a sus vástagos en la escuela para que empiecen a desviarse sexualmente? Si cree que puede estar tranquilo, quizá debería plantearse la posibilidad de preguntar si en su colegio están haciendo seguidismo de un taller de educación sexual en el que se fomentan todos los vicios habidos y por haber en materia de sexo. Si la respuesta es afirmativa, es posible que dentro de unos años su hijo puede tener querencia por los hombres, pero no por elección voluntaria, sino porque a la tierna edad de 12 años se le ha intentado manipular para que pruebe a darse el lote con chavales de su edad.

Lo cierto es que, tal y como cuenta La Razón, se está produciendo la perversión de nuestros más tiernos infantes en los centros educativos. «Yo soy lesbiana. Ni tortillera, ni camionera, ni marimacho. Soy lesbiana». Es la presentación que ha preparado Nuria, una educadora de Cogam (Colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de Madrid), para la charla que va a impartir a unos alumnos de un instituto sobre sexualidad. El colectivo acude a las aulas para explicar la diferencia entre orientación e identidad sexual, el género y el sexo y hasta la diferencia entre transformista, travesti, transexual o «travelo». También incluye una explicación sobre prácticas (besos, caricias, masturbación, coito…).

Alguien puede decir que estamos en pleno siglo XXI, que ya estamos curados de espanto y que hay que liberarse de complejos. Sí, el sexo hace años que dejó de ser tabú, pero eso no quiere decir que haya de ser consumido por personas que no alcanzan una madurez plena y un menor de 12 años, como uno de 16, por ejemplo, no creo, precisamente, que hayan llegado a esa cota de saber exactamente qué se traen entre manos. El sexo es un juego, pero no para todos los públicos. Al igual que el alcohol, hay que saber disfrutarlo, ser moderado y saber qué efectos tiene. Cuando dos púberes se ponen a tocar lo que no deben, podemos toparnos con traumas innecesarios, con contagio de enfermedades venéreas, con embarazos no deseados. Los chavales no están a esas edades para introducirse en un mundo maravilloso, pero lleno de trampas cuando no se conocen ciertos códigos porque luego pasa lo que pasa.

Lo curioso del caso es que estos sindicalistas que protestan por la reducción de interinos en la educación pública aún no han dicho ni media en relación a que a los menores se les sumerja en aguas tan procelosas como las del sexo en plan bestia. A estas edades, insisto, el sexo no puede ser el hilo conductor de su educación, sino una buena formación en matemáticas, en gramática, en Historia, en Religión, en inglés, en lenguas clásicas, en física y en química, cuestiones que sí les van a valer para el futuro profesional. A no ser, claro, que se crea que el porvenir sea buscar los relevos de Nacho Vidal y compañía.

juanvelarde@gmail.com

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  • Le ruego disculpe mi atrevimiento al recomendarle el artículo de Don Emilio LLedó en El País de hoy. Quizá aprenda algo y deje de escribir barbaridades sobre la educación pública. Un respetuoso saludo.