Sin categorizar

¡Qué suerte para la desgracia! Por Javier Zerolo

Un conocido periodista tinerfeño me desea suerte, además de increpar mi tono, al finalizar su corta explicación a mi crítica sobre un artículo de opinión. Sinceramente suena a sigue tu camino, búscate la vida y no me molestes más. No voy a contarles el motivo de la polémica, ni el medio, no viene al caso. Tras leer su email voy a darle la razón y esperar la suerte en el argumento de mi queja, que de otro tipo de sino estoy sobrado, afortunadamente.

Tener ventura se mide en nuestros días por una buena situación económica. `El dinero compra la felicidad´ y `Por la plata baila el mono´, sentencian frases populares. En cambio, aún reconociendo que si me toca algo en el Euromillón alejaré de mi cabeza -y llamadas de Banca Cívica al móvil-, los dichosos problemas económicos que nos agobian a todos, la diosa Fortuna no es precisamente ejemplo de felicidad. No me cambio por tractoristas (loable ocupación) tocados por el azar económico, especulativo y caprichoso, que tienen tantos euros en bancos y riquezas terrenales como mierda en las uñas. Me resisto a pensar que mi destino sea éxito si se mide por un trabajo exageradamente remunerado, a cambio de silencios o folios escritos al dictado.

Tengo mucha estrella al tener una gran familia, una joven y cómplice compañera, dos hijas cargadas de vitalidad, responsabilidad y salud; una perrita que me quiere tanto que me acaba de hacer abuelo mientras la gente silbaba para poder entrar al Heliodoro cuando el sonido de la luz y el drama de Maná llegaba a La Laguna. También unos amigos escasos pero verdaderos, y una cabeza medianamente amueblada que me permite distinguir las dos caras de la suerte.

¿Quién no ha intentado hallar un imposible trébol de cuatro hojas? ¿Quién no ha soñado con encontrar un tesoro oculto? Son fantasías optimistas que todo ser humano, de cualquier condición social o raza, espera ver cumplir para sentirse poseedor de buena ventura. Una búsqueda que en estos tiempos se centra exclusivamente en el dinero, quizá la cara más engañosa del verdadero espíritu de la fortuna.

Masivamente todos creemos en la suerte, la diferencia está, querido amigo periodista, en que la manera de medirla sólo da resultados económicos cuanto más cercano se está del poder. Para los que creen ciegamente en el destino fantástico, el de los cuentos infantiles, unicornios y lanzar monedas al pozo de los deseos; la suerte no es más que la afortunada elección de un sueño que se cumple.

Imagínate que sintieron en 1950 los componentes del coro de una iglesia de Nebraska, cuando el edificio explotó y ninguno resultó herido porque ese día todos llegaron tarde al ensayo, todos. Qué cara puso un tipo que compró una motocicleta y se enteró años más tarde que había sido del mismísimo Elvis Presley en su juventud. La alegría de Concepción, el del Tete, cuando le cayeron (provisionalmente) 23 emisoras en Canarias. O el humilde camarero de un club de Londres al que un millonario dejó cinco mil libras de propina. Así son los días de suerte.

Déjame decirte finalmente, estimado conocido, que a tu deseo daré el sentido que puso de moda el cómico argentino Pepe Biondi con la frase “¡Qué suerte para la desgracia!”. Tu correo con irónica despedida significa que discrepar de tu sesgada opinión es alejarse de tu apoyo y amistad. Afortunadamente esa desgracia que me deseas es para mí una suerte.

http://www.javierzerolo.com

 

 

Etiquetas

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario