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Demonizar la libertad. Por Javier Zerolo

De un tiempo a esta parte, coincidiendo con un duelo político-mediático de titanes, la justa reivindicación canaria de un mayor autogobierno es manipulada y tergiversada por quienes defienden, será porque creen que es lo mejor, la españolidad a ultranza de las islas. Desde las propias filas de Coalición Canaria, con raras excepciones, la mayoría de sus dirigentes dan la espalda a lo que consideran vocablos malditos: autodeterminación, independencia, libertad o incluso nacionalismo, entendido éste como la ideología que tiene a una determinada nación como único referente de identidad.

La normalidad debe volver a la referencia de Canarias como una región especial, urgentemente necesitada de un nacionalismo no beligerante pero tampoco estático. Una región europea que -por su lejanía del continente y su dispersión-, requiere más que cualquier otra tener suficiente autogobierno para gestionar economía, política, justicia… España y Canarias no son lo mismo. No hay que tener miedo a escribirlo, expresarlo o sentirlo. Son complementarias y pueden coexistir en un mismo seno federal siempre y cuando esa premisa supere a cualquier otro vínculo de unión o sometimiento.

Mientras que no se sea consciente de esto, mientras no se entiende esta bipolaridad, no se encontrará la expresión político-formal adecuada para Canarias. Los que cierran los ojos a esta realidad con posiciones estatistas-centralistas no son capaces de dar solución al dilema en el que nos encontramos. No son capaces de entender que la gestión de los intereses de Canarias no siempre coincide con los del resto del Estado.

¿No es posible que Canarias administre los impuestos propios y los de España, y luego –como hacen vascos y navarros-, ingrese al Estado la cantidad que le corresponda según acuerdos preestablecidos? ¿No es posible que Canarias pueda administrar sus puertos y aeropuertos? ¿Por qué no podemos planificar nuestro espacio radioeléctrico? ¿Cuándo tendremos en esta tierra control sobre nuestras fronteras?

La solución de estos problemas que dan adecuada expresión a la conciencia diferencial canaria requiere de un nuevo pacto entre el pueblo canario, representado por sus Cabildos y Parlamento, y las Cortes españolas. Hay que reeditar la situación de Canarias dentro de España. Si no quieren que se hable de independencia, que por lo menos colaboren en estudiar, redactar y llevar a cabo un nuevo estatus de Canarias en el Estado. Tienen que dejarnos a nosotros, los canarios, ejercer la soberanía sobre el Archipiélago. Es nuestro.

El presidente del Gobierno autónomo, Paulino Rivero, tiene una magnífica oportunidad en los próximos días para plantear al Rey de España, además de otros temas de su agenda, la imperiosa necesidad de atender a un cambio en la situación estatal de las Islas Canarias. No se trata de pedir a Juan Carlos de Borbón que disculpe a España por la sanguinaria conquista, ni que reconozca pasado mañana ante organismos internacionales que esto es una colonia. En la búsqueda de formas pacíficas, consensuadas y con garantías de éxito, parece imprescindible que también la Casa Real se moje en Canarias. Ya es hora, una hora más en España.

http://www.javierzerolo.com/

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