Sin categorizar

CORTO… Y CAMBIO. ¿Descanse en paz? Por Carmen Ruano / Eduardo González

Cada vez que mi vieja ingresa en el hospital –una vez al año, más o menos- reabre el debate de cómo quiere acabar sus días, si con entierro tradicional o por el método de la incineración, descartada, definitivamente, la posibilidad de donar su cuerpo a Facultad de Medicina, a pesar de que a ellos seguro que les viene bien y mejor a nosotros que nos ahorramos los fastos fúnebres. Últimamente se ha decantado por la incineración, pero asegúrate que esté muerta, me advierte, como si en algún momento se me hubiera pasado por la cabeza quemarla viva. Ahogarla con mis propias manos, no digo que no lo haya pensado, pero quemarla…

Bien, resuelto el problema de la incineración se suscita otra cuestión más peliaguda: qué hacer con las cenizas y la urna.

– Las esparces por el jardín de tu casa, insinúa.

– Ni jarta grifa, le respondo. No pienso pasarme el resto de mi vida pisando sobre tus restos. Y me daría cargo de conciencia si la perra se mea encima. Piensa otra cosa.

– En el mar, entre Tenerife y Gran Canaria [ella es canariona, advierto].

– No se puede. Es un delito ecológico según la nueva normativa medioambiental de Bruselas…

– Bueno, pues dejas la mitad de las cenizas en Agaete y la otra mitad aquí en Candelaria.

– ¡No pienso descuartizarte!, me indigno.

-Bueno, me pones en un estante en el salón de tu casa…

– ¿Estás loca? ¿Para obligarme a ver el programa de Ana Rosa Quintana desde la ultratumba? De eso, nada.

– ¿Qué te parece en la biblioteca?, contraataco sin mucho entusiasmo.

– No. Que me lleno de polvo entre tanto libro, me responde sin caer en la cuenta que ella será un montón de polvo, también.

– Que no, que te pongo en el estante de los libros de detectives y así te entretienes.

– ¿Me entretengo?, ¿estar rodeada de asesinos toda la eternidad es lo que tú entiendes por entretenimiento? ¡Ten hijos para esto!, exclama indignada.

– ¿Y en el hotelito-panteón familiar, junto al viejo?, digo a ver si cuela…

– Sabes que tengo claustrofobia.

– ¡Ah, claro!, asiento como si me hubiera caído de un guindo y me hubiera dado un costalazo.

Nos quedamos las dos un rato rumiando cómo salir del callejón sin salida en que nos hemos metido.

– ¡Ya lo tengo!, le digo con tanto entusiasmo que consigo sobresaltarla.

– ¿Dónde has pensado?, pregunta.

– En ningún sitio, pienso palmarla antes que tú, le suelto a bocajarro al mismo tiempo que me carcajeo con una risa diabólica.

– Vale, vale, responde como si no fuera con ella. ¿Y en casa de tu hermana, qué te parece?

– ¡Perfecto! Mañana se lo digo. Se va a poner tan contenta…

cruanovillalba@gmail.com

2 Comentarios

Clic aquí para publicar un comentario

  • LA SOLUCION AL ENIGMA EN EL GRAFICO Nº 1. HAY QUE TENER SENTIDO DEL HUMOR. GRACIAS CARMEN. SALUDOS.