Jesús Pedreira Calamita

Martin Luther King. Por Jesús Pedreira Calamita

En 1984 se decidió erigir un monumento en Washington a Martin Luther King. Veintisiete años más tarde se ha convertido en realidad hace un par de semanas.

Independientemente de su valor artístico –sobre ello hay diversidad de opiniones- lo que no cabe duda es que estamos ante un hecho histórico. Es la primera vez que en el National Mall de Washington se erige un monumento a una persona que nunca ha sido Presidente de EE.UU., y además la primera vez que se erige a un Afro-Americano.

El Martin Luther King Jr. National Memorial es el más importante que existe en la capital norteamericana desde la radical imaginación y profunda simplicidad del realizado para los Veteranos del Vietnam por Maya Lin, el mismo que ha realizado la nueva obra de todo el entorno.

En cuanto a la escultura propiamente dicha, el escultor elegido ha sido Lei Yixin, entre cuyas obras, destacan monumentales figuras de Mao Tse Tung. En las democracias, sin embargo, nunca ha estado bien visto la escultura monumental. Pensamos que todos somos iguales, incluso aunque se trate de figuras extraordinarias como Martin Luther King.

Asímismo, se ha estrenado una obra en Broadway sobre Luther King.

¿Se ha puesto nuevamente de moda el gran orador negro? Ciertamente, nunca ha dejado de estarlo.

Esta misma semana, ha habido multitud de manifestaciones pidiendo la no ejecución de la pena de muerte del reo negro Troy Davis, puesto que el juicio parece que no ha dejado nada clara su implicación en un asesinado de un policía. Pero…a pesar de ello, ha sido ejecutado en Georgia. ¿Por ser negro?

Un importante profesor de Filosofía ha manifestado, que, aunque no lo creamos “todos somos racistas”.

El célebre Forges en una reciente viñeta, muestra a una mujer a la que le hacen la siguiente pregunta: “¿Experiencia profesional?” A lo que contesta: “Mujer, madre, inmigrante y sin papeles”. Crudo y duro mensaje.

La lucha de los negros norteamericanos ha sido intensa en el siglo XX.

Con la llegada al poder en 1961 de John F. Kennedy se intensificó en la sociedad norteamericana un movimiento social que luchó por la igualdad racial y de oportunidades, el denominado Movimiento por los Derechos Civiles.

El asesinato de afroamericanos por parte de blancos era todavía común en los años cincuenta del siglo XX, y en algunos Estados del Sur de EE.UU. no se castigaba a los culpables.

Mississipi, en el Sur profundo, era la cuna del Ku Klus Klan, organización secreta fundada al finalizar la Guerra Civil a mediados del siglo XIX norteamericana que se encargaba de castigar y asesinar a los negros insurrectos y que fue “reflotada” cuando empezó a adquirir fuerza el Movimiento por los Derechos Civiles.

Otro hecho célebre ocurrió en 1955 en el Estado de Alabama, cuando la activista Rosa Parks –recientemente fallecida- se negó a dejar su asiento en una guagua a un pasajero blanco tal como exigían las normas del Estado.

La ley del Derecho al Voto de 1965 fue una de las grandes conquistas, siendo uno de los abanderados el Reverendo Martin Luther King.

Y también la discriminación positiva a favor de los estudiantes negros para entrar en la Universidad.

En su más célebre discurso “I have a dream”, Martin Luther King decía “Con esta fe seremos capaces de mover la montaña de la desesperación y convertirla en una piedra de esperanza”. Luther King ha sido uno de los mejores oradores de la Historia norteamericana, y su inquebrantable lucha por los Derechos Civiles y contra la pobreza, hizo que fuera distinguido con el Premio Nobel de la Paz de 1964.

En vida, Luther King era un hombre de paz. El amor no es, decía, solamente un fin, sino también un medio de llegar a la paz y la justicia mundiales.

Cientos de artistas se han inspirado en la vida y en la obra de King. Desde Stevie Wonder, hasta U2 cuya célebre canción Pride (In the name of love), su mayor éxito en los ochenta del siglo pasado repite las palabras del discurso I have a dream: “Al fin libre, cogieron tu vida, pero no pudieron coger tu orgullo”.

Su muerte, su recuerdo actual por dos hechos importantes, puntuales, nos obliga a pensar que la lucha por la igualdad y la justicia que tanto defendió está en nuestras manos. Es cosa de todos.

Jesús Pedreira Calamita

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