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LAVADORA DE TEXTOS. No lo digo yo, lo dice la Fundéu. Por Ramón Alemán

Los técnicos y asesores que trabajan a las órdenes de los políticos son muy aficionados a emplear palabras retorcidas que solo ellos parecen entender y que sus jefes –y algunos periodistas– adoptan de inmediato. Esto está justificado en determinados casos en los que resulta imposible cambiar esas rarezas por otras voces más de andar por casa. Sin embargo, ese mismo afán por ser exactos los lleva a veces, rizando el rizo y olvidando la grandeza de las palabras, a inventar vocablos innecesarios y que, además, suelen ser feos. En una reciente entrevista en la radio a la consejera canaria de Políticas Sociales, Inés Rojas, volví a escuchar el absurdo tecnicismo ‘acogente’, que pretende usurparle su lugar a una palabra tan hermosa como ‘acogedor’.

Mi batalla contra la palabra ‘acogente’ comenzó en el periódico La Opinión de Tenerife, en el que durante unos años fui responsable del departamento de corrección y cierre. Hubo una temporada en la que me tropezaba casi a diario con ese palabro a cuenta de un polémico caso en torno a una menor que había pasado a vivir con una familia de acogida. Mi lucha, no obstante, fue en vano, así que un buen día decidí que no iba a perder más tiempo en seguir explicando lo desacertado que era usar esa voz gris y metálica. Años después, la consejera Inés Rojas –que la empleó varias veces en la entrevista– me ha puesto en bandeja retomar el asunto.

El primer funcionario al que se le ocurrió sustituir ‘acogedor’ por ‘acogente’ quizás pensó que con esta temeridad lingüística estaba dejando claro que hablaba de una familia ‘que acoge’ y no de un ‘sitio agradable por su ambientación, comodidad o tranquilidad’. Efectivamente, las casas a las que han de ir a vivir los menores sometidos a este tipo de medidas no tienen por qué ser agradables, cómodas ni tranquilas (aunque deberían serlo), pero resulta que la palabra ‘acogedor’ se emplea en primer lugar para referirse precisamente a aquel ‘que acoge’. Por lo tanto, si el ‘que acoge’ es un ‘acogedor’, ¿a santo de qué viene ese engendro que tanto gusta a políticos y periodistas? Si la Real Academia Española lo ignora olímpicamente en su diccionario, por algo será.

Y ahí no acaba la cosa: si vamos a ese mismo diccionario y buscamos el verbo ‘acoger’ –que es lo que hace el ‘acogedor’–, nos encontramos con que sus cinco primeras acepciones definen perfectamente la función de las generosas familias que asumen el cuidado de un niño que se encuentra en situación de desamparo. Veámoslas: ‘Dicho de una persona: Admitir en su casa o compañía a alguien’, ‘Servir de refugio o albergue a alguien’, ‘Admitir, aceptar, aprobar’, ‘Recibir con un sentimiento o manifestación especial la aparición de personas o de hechos’, ‘Proteger, amparar’.

Pero como yo no soy quién para dictar sentencia sobre los usos lingüísticos de técnicos, políticos y periodistas –en realidad nadie lo es del todo–, ayer puse el asunto en manos de la Fundación del Español Urgente (Fundéu), cuya página web (www.fundeu.es) dispone de una sección de consultas que resulta de lo más útil y a la que cualquiera que tenga Internet puede acceder. Para quienes no lo sepan, les diré que la Fundéu es un magnífico invento de la agencia Efe destinado a mimar y cuidar la lengua española, especialmente en los medios de comunicación. Para el desarrollo de su tarea, los expertos de la Fundación no cuentan solo con su propia profesionalidad, sino que disponen de la ayuda de la RAE y del Instituto Cervantes, entre otras instituciones.

Pues bien, esta fue la respuesta de la Fundéu a mi consulta sobre ‘acogente’ (cada vez que la escribo me suena peor): “Dado que ya existe una palabra con el mismo sentido, no hay necesidad de crear otra forma y por ello es preferible ‘acogedor’. Tal vez se quiera evitar la ambigüedad con el sentido de ‘agradable’, pero el contexto debería dejar claro lo que se quiere decir”.

Evidentemente, estoy de acuerdo con ese razonamiento de principio a fin y por eso hoy lamento no haber recurrido a la mediación de la Fundéu cuando hace unos años mis compañeros periodistas hacían oídos sordos a mi insistente recomendación. Todos habríamos salido ganando, empezando por los lectores.

Ramón Alemán en http://www.lavadoradetextos.com/

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