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EXPRIMIENDO AL SEXO DÉBIL. Plan de marketing. Por Ofelia Alexander

Hoy he estado trabajando en lo que será mi trabajo fin de máster, con el que parece que voy a mantener mi próxima relación estable. Éste consiste en la realización de un plan de marketing y he tomado la decisión de extrapolarlo a mis artículos relativos a exprimir al Sexo Débil en ExprimeCanarias.

Lo primero que dicen las pautas que he recibido, es que dicho plan de marketing tiene que tener un horizonte temporal de tres años, y ya desde el principio me planteo: ¿tres años? ¿Qué necesidad? A priori no concibo planificar mi vida sentimental de aquí a más de un día vista, así que lo veo complicado.

Sin embargo, hay una serie de cosas que me llaman la atención. A la hora de abordar un plan de marketing, hay que tener en cuenta el escenario económico en el que nos encontramos, estamos en CRISIS y no sólo económica, en muchos aspectos esto se lleva también al terreno personal. Mi presupuesto se ha visto reducido considerablemente (recuerdo al lector que de momento estoy en Paro) y tengo que diseñar mi estrategia de posicionamiento y mis objetivos de mercado en base a esta situación.

Según la teoría, los objetivos de mercado han de estar alineados con los de la empresa (YO, S.L.) y, para más INRI, debo evaluar cuál es mi posicionamiento en relación al resto de mis competidores en el mercado.

En este sentido, quiero destacar que lo tengo más bien jodido, ¿por qué? Sencillo: culpo a Walt Disney y, sobre todo a mi padre de mis altas expectativas con el sexo masculino.

A Walt Disney lo culpo porque desde pequeña llevo leyendo libros y viendo películas en las que todo tiene un final feliz y la princesa finalmente encuentra a su príncipe azul y los únicos príncipes azules que me he encontrado hasta el momento han desteñido o han sido simplemente ranas auténticas y verdaderas. A modo de ejemplo, mis ex novios.

Pero mi padre no se queda atrás, sí papá, tú eres el principal culpable de mis altas expectativas con los hombres. He crecido en un entorno donde jamás he vivido una discusión entre mis padres, encima se ha desvivido toda la vida por mi madre y por nosotros, sus hijos y siempre ha demostrado ser increíblemente detallista. Nadie en el mundo me dirá lo muchísimo que me quiere o lo guapa que estoy tantas veces como mi padre, que encima ha sido siempre mi cómplice, sobre todo, en cuanto a mis experiencias con el sexo masculino se refiere. Y sí, aunque a muchos les extrañe, mi padre conoce hasta los detalles más escabrosos de mi vida sentimental e incluso sexual, que por eso me han educado para hablar del tema con total libertad y confianza. (De esto hablaré más adelante)

Pero a lo que vamos, se supone que debería definir mi objetivo, es decir: encontrar un “príncipe azul que no destiña”.

Especificando un poco más, entraré a detallar mi lista de imposibles (si alguien se ve identificado con todos y cada uno de los puntos, por favor, que se ponga en contacto conmigo, gracias)

Citando la película diré: “Mujer blanca, soltera (añado simpática, inteligente y preparada) BUSCA…” HOMBRE:

Heterosexual

Sin miedo al compromiso

Con aspiraciones de futuro

Formado

Inteligente

Sincero

Honrado

Independiente

Trabajador

Respetuoso

Sexualmente activo (abstenerse eyaculadores precoces, gracias)

Bien dotado (como ya he dicho con anterioridad, el tamaño sí importa)

Que no sufra de “materno – dependencia”

No excesivamente celoso

Detallista

Simpático

Con saber estar

Que no padezca del “Síndrome de Peter Pan”

Maduro, que no viejo

Fiel (sé que esto es prácticamente imposible, pero bueno)

En definitiva, un compañero y amigo al que amar, admirar y respetar…

He de reconocer que de esos he encontrado varios a lo largo de mi vida, pero no son heterosexuales, de ahí que ponga la heterosexualidad como primer requisito. No obstante, si alguno de mis amigos homosexuales se propone un “cambio de acera”, que por favor, se ponga en contacto conmigo. Como le escuché el otro día a una amiga: “¿Yo?, ¡yo me he hecho bisexual! ¡Me gustan los heterosexuales y los gays!”  Y es que este es otro indicativo de que estamos en CRISIS señores.

Una vez finalizado el detalle de mis objetivos específicos, he de adentrarme en terreno peligroso: MI POSICIONAMIENTO. ¿Dónde estoy? ¿Hacia dónde quiero ir? ¿Qué pretendo conseguir? ¿Cómo quiero que me vea mi público objetivo?

Para comenzar, ni siquiera tengo claro si existe o no público objetivo al que dirigirme: quiero pensar que sí, si no es aquí, en el exterior seguro (lo que no han inventado los americanos, lo han inventado los chinos o los japoneses), así que siempre podré recurrir a los mercados internacionales, que para eso fui a un colegio donde aprendí los idiomas que hablo.

La respuesta al ¿dónde estoy? es algo complicada, no lo sé (¿algún consultor me echa una mano?).

La pregunta más importante de todas a mi entender es cómo quiero que me vea mi público objetivo, y eso lo tengo bastante claro:

Quiero que me vean como una persona atractiva (física e intelectualmente), preparada, sin miedo a los retos y con ganas de comerse el mundo, dispuesta a mantener una relación estable, pero sin agobios ni posesividades. Obviamente, si pretendo que esta sea la imagen que perciba la gente, esto debe ir acompañado de un buen packaging; lo que no procede es que vaya por la calle vestida como una zarrapastrosa, sin maquillar y con una ropa que no me favorece en absoluto, y encima, he de moverme en ambientes relativamente selectos, ya que aspiro como mínimo a un producto de marca o a un Premium, tal y como mencioné en mi artículo anterior.

Pero claro, me he dado cuenta de una cosa: tengo muchísimo carácter y suelo imponer bastante. De hecho creo que muchos no se acercan a mí porque me tienen miedo, triste pero cierto…

Esto me lleva también a establecer una comparativa con mis amigas: a priori, no las considero competidoras directas, puesto que somos completamente diferentes entre nosotras, digamos que nos complementamos entre sí.

Una de las que tiene el posicionamiento más claro es mi amiga Lucía, una chica tremendamente atractiva física e intelectualmente, que no concibe en absoluto las follamistades. De hecho, aspira a encontrar a su príncipe azul con quien formar una familia, ser felices y comer perdices. Yo no estoy muy de acuerdo con esto, porque entre príncipe y príncipe puede pasar un periodo de tiempo considerable y la autosatisfacción termina por aburrir, pero hay una cosa que sí que he aprendido de ella. Para Lucía, embarcarse en una relación implica estar mejor que sola. Si el ente que se le arrime no le aporta lo suficiente como para ella sentirse así, se refugia directamente en el “mejor sola que mal acompañada”.

Daura, otra de las chicas de mi grupo más cercano, es impresionante. Creo que es la persona con mayor capacidad de enamorarse que he conocido hasta ahora, y encima tiene una habilidad extraordinaria para adaptarse a sus parejas: si son bohemios, ella también lo es durante un tiempo; si les gusta la veterinaria, a ella le encantan los animales; si hacen parapente, ella también ha querido hacer parapente alguna vez en su vida, y un largo etcétera. Esto tiene, bajo mi punto de vista, muchas cosas buenas: siempre encuentra cosas que compartir con sus parejas, por lo que al menos se asegura el tener una actividad que practicar de manera conjunta, no como yo, que a mis novios siempre les ha gustado el submarinismo o la pesca y yo le tengo pánico al mar, con lo que las actividades acuáticas conmigo estaban completamente restringidas.

Y por último, pero no por ello la menos importante (al resto las iré mencionando en próximos artículos, no se me estresen mis niñas), María Cristina. María Cristina es lo que viene siendo mi media naranja, de hecho, si no fuésemos heterosexuales, probablemente ya nos habríamos casado, porque ya de por sí hemos decidido convertirnos en una pareja de desecho, bajo el lema de que “para que se pierdan dos casas, que se pierda una”. Es una persona con un excelente sentido del humor, terriblemente sincera, espontánea y una bellísima persona en general, que encima ha tenido bastante mala suerte en el terreno sentimental. En este momento, su posicionamiento también está claro: no quiere saber absolutamente nada del amor, si bien alguna que otra alegría para el cuerpo de vez en cuando, no viene nada mal…

En definitiva, que se busca príncipe azul que no destiña, y si alguna de mis competidoras del mercado lo ha encontrado, que por favor me diga cómo hizo para ir a su caza y captura.

 Ofelia Alexander en http://exprimecanarias.blogspot.com/

 

 

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