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EL ESCOBILLÓN. Roger Vadim, un diablo como Dios manda. Por Eduardo García Rojas

Forma parte de la historia del cine pero no por sus películas sino como formidable conquistador de corazones femeninos. Su nombre Roger Vadim Plemiannikov (París, 26 de enero de 1928 – París, 11 de febrero de 2000) y sus larga lista de mujeres Brigitte Bardot, Annette Stroyberg, Catherine Deneuve y Jane Fonda por citar solo algunas de las más conocidas.

¿Le hacemos justicia a Vadim por tan destacable hazaña?

Ni lo sé ni me importa aunque pienso que el cineasta desenfadado y provocador debe de estar pensando aquello de que me quiten lo bailado hallá donde se encuentre. Por si se encuentra en alguna parte.

El caso es que su trabajo ha quedado sepultado por la pesada y fría losa del olvido. Y si bien la pesada y fría losa del olvido tiene su razón de ser, creo que en el caso de Vadim hemos sido excesivamente crueles. Y retorcidos. Y repugnantemente creyentes en un solo Dios.

Sus películas marcaron época, y reflejan las inconstancias de una sociedad que hoy, lamento decirlo, continúa siendo igual de impostora y puritana

Vadim creó mitos. Por mucho que le disguste a la explosiva BB, y su cine –marciano, rebelde y audazmente erótico– pide a gritos una urgente recuperación porque tiene su algo.

Supo explotar los sueños más húmedos de la burguesía de su tiempo, y si bien sus títulos más famosos no terminan por estar a la altura, aún conservan un espíritu pop festivo que hace que veamos la vida de otra manera.

Como todo artista que se precie, Roger Vadim fue un impostor con encanto.

Les recomiendo que se lean su autobiografía Memorias del diablo porque entre toda esa compleja red de mentiras y provocaciones que escribe, se esconde un irónico canalla con una lúcida vocación de autor.

Tres títulos claves marcan, a mi juicio, su carrera detrás de las cámaras: Y Dios… creó a la mujer, Si don Juan fuera una mujer y Barbarella.

No se tratan de obras maestras, pero sí de películas que a quien ahora les escribe le marcaron durante un periodo confuso (y alegre por ingenuo) de su existencia en la Tierra.

No he vuelto a ver ni Y Dios… creó a la mujer, ni Si don Juan fuera mujer, pero hace unas semanas volví a envenenarme con Barbarella y descubrí, pese a su largo metraje, destellos de un cineasta que hace de lo camp una obra de referencia.

Y todo ello contando con una sensual y despistadísima Jane Fonda. Puro tebeo hecho cine.

Atrévanse pues con Vadim.

Un diablo como Dios manda.

Saludos, en una imaginaria cama revuelta mientras fumo un cigarrillo, desde este lado del ordenador.

Eduardo García Rojas. http://www.elescobillon.com/

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