Jesús Pedreira Calamita

El poder de las mujeres. Por Jesús Pedreira Calamita

La toma de posesión a principios de este mes de agosto como Primera Ministra de Tailandia de Yingluck Shinawatra supone que diecisiete mujeres ( aunque deberían ser, muchísimas más), hayan sido elegidas democráticamente en el mundo como Jefa de Gobierno o de Estado –no incluimos a las Jefes de Estado de Monarquías-.

Y además, pertenecen a los cinco continentes. Así, en Australia, la Primera  Ministra es  Julia Gillard desde 2010. En Asia, la citada Shinawatra, y la Presidenta de India, Pratibha Patil y la Primera Ministra de Bangladesh Sheikh Hasina Wajed. En África, es desde 2004 presidenta Ellen Johnson Sirleaf   (la mujer más influyente de ese continente, según el semanario The Economist, junto con la Ministra de Asuntos Petroleros de Nigeria, Drezani Allison Mandueke). Johnson-Sirleaf derrotó al mundialmente famoso futbolista George Weah. En América, han sido elegidas, y ocupan actualmente el poder Dilma Rousseff, Presidenta de Brasil, Laura Chinchilla, de Costa Rica, y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina siendo Kamla Persad Bissesar, Primera Ministra de Trinidad y Tobago. Por último, en Europa, son Jefas de Estado, en Irlanda Mary McAleese, en Finlandia  Tarja Halonen, y en Lituania Dalia Grybuskaité, siendo Presidentas del Gobierno en Alemania, Ángela Merkel, en Eslovaquia Iveta Radicová y en Islandia Jóhanna Sigurdardóttir.

Sin embargo, aún no siendo demasiadas las mujeres al frente de sus respectivos países (recordemos, que actualmente en la O.N.U. hay reconocidos ciento noventa y tres Estados, el último, hace escasamente seis meses, Sudán del Sur), sí ha ido aumentando su presencia a lo largo de los años.

La primera mujer elegida democrática presidenta de un Gobierno estatal fue en 1951, Sirimavo Bandaranaike al tomar posesión de su cargo en Ceilán (actualmente Sri Lanka). Repitió de 1970 a 1977, y fue nuevamente elegida de 1994 a 2000 (precisamente su hija sería la primera mujer Presidenta del país). Al ser elegida Bandaranaike en 1951 el periódico londinense Evening News señaó “presumiblemente, estamos ante una mujer de Estado…”.

En los años sesenta del siglo XX, alcanzó gran notoriedad Indira Gandhi que al ser elegida Primera Ministra en 1966 se convirtió en la primera mujer en gobernar ese inmenso país.

Eran dos únicas luces alumbraban el océano de mujeres que pugnaban por ocupar cargos públicos de relevancia en el mundo.

Posteriormente, en los años setenta y ochenta, adquirieron notoriedad como mandatarias de sus respectivos países la israelí Golda Meir y la británica Margaret Thatcher que ocupó la jefatura del gobierno en el Reino Unido.

En los últimos veinticinco años numerosos Estados han visto ocupar por primera vez el más alto cargo político a mujeres: desde Pakistán con Benazir Bhutto, a Japón, con la primera mujer Presidente del Gobierno que además era la primera vez que gobernaba el Partido Socialista o a Filipinas con Corazón Aquino o Chile con Michele Bachelet.

¿Para cuándo una Presidenta en Estados Unidos? Pues, seguro que dentro de muy poco.

Pero podrían y deberían ser muchas más. Hay un caso especialmente doloroso. Es el de la birmana Aung San Suu Kyi. Podría ser considerada la Nelson Mandela del siglo XX. No está en una durísima cárcel como lo estuvo más de veinte años el nonagenario líder sudafricano, pero su aislamiento en su propia vivienda es igualmente duro. La represión de la Junta Militar de Birmania es brutal. Hija de Aung San, que firmó el Decreto de Independencia de Birmania, fue la ganadora de las elecciones generales celebradas en el país asiático en 1980. Pero…desde ese momento, ha sufrido arresto domiciliario. Fue recompensada con el Premio Nobel de la Paz en 1991.

Es noticia, gran noticia, que a finales del año pasado, haya sido suprimida su condena, pero sigue sin tener libertad verdadera y plena.

¿Qué debe pasar por la mente de esta frágil, pero gran mujer birmana cada día? ¡Qué impotencia! Ser querida por tu pueblo, ganar unas elecciones democráticas y no poder presidir tu país.

Aung San Suu Kyi, gran política, gran luchadora. Ejemplo perpetuo de serenidad, inspirada en el pacifismo de Gandhi.  Sus discursos cada fin de semana provocaron detenciones de estudiantes y dirigentes de la oposición y un continuo bloqueo de su domicilio. Veintiún años después de su triunfo, aún no ha podido hacerlo efectivo. El poder de las mujeres… incompleto. ¿Hasta cuándo?

Jesús Pedreira Calamita

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3 Comentarios

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  • Muy bueno el artículo! Senti que era un buen pretesto para recordar el sufrimiento de la Birnana Aung San, Suu Kyi. Esta claro que las mujeres han realizado en el siglo XX lo que dijo en una ocasión Indira Gandhi; “La revolución mas grande que le sucede a un pais, es la que modiifica la manera de pesar de las mujeres”. Buena parte de estos cambios se han producido y el artículo esta constatando un hecho, las mujeres han realizado cambios profundos en la manera de pensar. El siglo XXI los cambios los van ha realizar los hombres. ¿ Estas pensando en que campo del comportamiento humano se han de producir? Me gustaria conocer tu opinión.
    Felicidades por la visión del porder. Carmela

  • !Buen repaso al poder de las mujeres!, aún falta mucho trabajo duro, y cambio de mentalidad de hombres y de muchas mujeres.