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EL ESCOBILLÓN. ¡¡¡Arrállate un millo, Ridley Scott!!! Por Eduardo García Rojas

No soy seguidor de Blade Runner pero entre las ochocientas versiones que el otrora potable Ridley Scott se sacó de la manga continúo quedándome con la que presuntamente es la versión de los productores.

Los que hayan visto la película saben que me refiero a la que cuenta con voz en off (un recurso muy noire, por otra parte) y termina con Harrison Ford y Sean Young abandonando esa pestífera Los Ángeles futurista rumbo a lo desconocido.

Basada en un relato corto del escritor Philip K. Dick, cuyo mejor adaptador ha sido el genial Robert R. Crumb en uno de sus tebeos, y material inagotable para guionistas que quieren jugar con las apariencias, el mismo Scott, Ridley Scott, ha anunciado sin que se le caigan los anillos que rodará una precuela o secuela sobre este título (pese a todo) clave de los ochenta.

Y rastreando por la red, leo como tiembla este universo virtual con voces a favor y otras tanto en contra mientras yo me pregunto ¿por qué? Porqué volver a recuperar un título del pasado que ya ha hecho historia.

La razón, como siempre, es bastante simple: dinero.

Lo que no entiendo es cómo ese esteta con largometrajes interesantes en su carrera como son Los duelistas y el primer Alien se atreve ahora a volver al universo del que, con toda probabilidad, se trate de su película más recordada, Blade Runner.

Y las neuronas que tengo dentro de mi cabeza hacen chispas mientras imagino con bastante desgana la aparición en la precuela o secuela de un viejito Harrison Ford.

Así que sea el antes o el después, de lo que sí estoy prácticamente seguro es que el nuevo Blade Runner se rodará en tres dimensiones porque es el último grito que le queda al actual y descafeinado cine norteamericano para atraer público a las desnutridas salas.

Solo que si estoy aún vivo y tengo reservas económicas para pagar la entrada –que seguro que en ese tiempo superará los 10 euros a los que habré de sumar lo que gaste en refresco, cotufas y otras golosinas– formaré parte del amplio pelotón de veteranos que optará por castigarse la vista en la sesión de dos dimensiones.

Observando como está el panorama actual del cine norteamericano, en un significativo punto muerto debido a su obsesión por mejorar títulos del pasado no ya lejano sino reciente y en sacar segundas, terceras, cuartas, quintas entregas de películas que ayer resultaron taquillazos, lo mejor es continuar revisando lo que fueron capaces de hacer en ese país cuando se tomaban en serio el cine.

Y es que últimamente, al contemplar cualquier cosa rodada cuando el blanco y negro era blanco y negro y el color, pues color, me trago esas historias y escucho sus diálogos preguntándome cómo demonios se ha ido para atrás cuando en todo caso se tendría que haber ido hacia adelante.

A bote pronto, me veo así como viejuno (si la cordura consigue que llegue a viejuno) subido a una tarima gritando como un loco: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser. Todos estos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia… Es hora de morir.”

Y fondón, como está el que antaño fue atractivo Rutger Hauer, cerrar lentamente los ojos mientras un pajarraco escapa de mis manos para volar en la lluvia que cae de un cielo que ese día, sospecho, será bidimensional.

Saludos, arrállate un millo, Ridley Scott, desde este lado del ordenador.

Eduardo García Rojas. Publicado en http://www.elescobillon.com/

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