Salvador García

Menos peninsulares. Por Salvador García

Las cifras son indicadoras de una clara recuperación del sector. El propio viceconsejero de Turismo del Gobierno de Canarias, Ricardo Fernández de la Puente, ha venido a reconocer «la fortaleza del turismo extranjero» que, en lo que va de año, registró en las islas cinco millones ochocientos mil visitantes, un incremento del 20 por ciento con respecto al año pasado.

Ya conocen nuestro planteamiento de no caer en borrosos triunfalismos pero así como hemos expresado la preocupación por coyunturas desfavorables, traducidas en menor afluencia, en menguado gasto turístico y en reducida ocupación alojativa, ahora, con datos más favorables, hay que congratularse de que hasta se puede estar generando empleo, como se supo hace pocas fechas, con una contratación superior a los veinticinco mil puestos de trabajo. Otra cosa son las condiciones de esta contratación laboral pero algo es algo.

En efecto, el destino turístico Islas Canarias, según datos de Frontur y Frontur Canarias (ISTAC-IET), ha recibido un total de 1.019.554 turistas extranjeros y españoles en julio, un 11,44 por ciento más que en julio de 2011. Con esta cifra, el Archipiélago ha recibido, en lo que va de año, 6.720.984 turistas extranjeros y nacionales, lo que supone un incremento del 15,96 por ciento.

De acuerdo con las informaciones periodísticas, por sexto mes consecutivo, Canarias es la comunidad donde más crece el turismo extranjero, con 832.976 visitantes foráneos, un 19,63 por ciento más que en mismo periodo de 2010. En cuanto al turismo nacional, las islas recibieron el pasado mes de julio la visita de 186.578 turistas. En cuanto al acumulado del año, llegaron a las islas 905.806 visitantes nacionales.

Pero la felicidad nunca es completa. El dato preocupante, entonces, es el estancamiento que se advierte en el mercado nacional. Menos peninsulares. Independientemente de que ello esté en consonancia con lo que se produce en otras comunidades españolas, fruto de la situación económica desfavorable que obliga a prescindir o reducir gastos vacacionales, los responsables del sector tendrán que plantearse las iniciativas que permitan potenciar ese mercado, hasta hace unos años considerado como la auténtica tabla de salvación en determinadas épocas y en destinos muy concretos que supieron trabajárselo.

La competencia obliga a esmerarse. Demostrado está que no se puede vivir de las rentas. Imposible determinar si todo es cuestión de más o nuevas promociones pero para captar y consolidar hay que derrochar imaginación y mejorar, innovando y cualificando.

Manos a la obra.

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