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CORTO… Y CAMBIO. Ser Virgen en tiempos de crisis. Por Carmen Ruano

En tiempos normales ser la Patrona de Canarias se las trae, pero en tiempos de crisis no le arriendo las ganancias a la Virgen de Candelaria. Los que vivimos en el municipio ya estamos habituados al peregrinaje de la gente que viene con las más insólitas peticiones –curar una enfermedad terrible, aprobar un examen, acertar la primitiva, conseguir novio, subir a Primera División…-, y de obrarse el milagro –porque aprobar sin estudiar es un milagro; ahora encontrar trabajo lo es aún más- se compensará con una promesa: llenar el altar de flores, encender trescientas velas, ir caminando a la Villa…

En Candelaria, además, se dan cita los camioneros, los moteros, los que se acaban de comprar un coche, los que acaban de tener un hijo, los taxistas, los ganaderos… para que la Virgen les bendiga el camión, el coche, el niño o la niña, el taxi, las cabras o las vacas para evitar accidentes, para que crezcan sanos, para que den mucha leche… Para lo que haga falta. Vamos, que la Patrona no da avío.

Y en agosto, cuando tres cuartas partes del país están de vacaciones –organizadas o forzosas por la escasez de trabajo- el personal acude en masa con las mismas intenciones de que la Virgen de Candelaria obre un milagro multitudinario y particular.

Este año, además, ha habido polémica. Todo el año dándole la tabarra y vino el alcalde, José Gumersindo García, y quiso suprimir los fuegos artificiales, eliminó las carretas de la Romería, a los guanches les esparció un puñado de arena para que se encontraran con la patrona y a los peregrinos los dejó colgados con la asistencia sanitaria –creo que por eso se desmayó su compañero de partido Paco Spínola, a modo de castigo divino-. Eso sí, la Virgen escuchó el llamado Festival de la Canción de Candelaria que, salvo por lo que cuesta, es lo más parecido a un karaoke que conozco.

Los peregrinos no crean que reciben mejor trato. Para empezar, las sillas son para las autoridades que han venido en coche oficial a presenciar la ceremonia del encuentro de los guanches con la Virgen; acampan como pueden y donde pueden, los servicios básicos son los mínimos, los cafés y el agua subieron escandalosamente de precio la víspera de la fiesta, en la Basílica quitaron los bancos laterales para que siguieran la misa de pie -¿mortificación cristiana?- y para rematarla, en la maldita plaza no hay ni un arbolito bajo el cual guarecerse de la solajera.

Y sin embargo y a pesar de todo, año tras año, la gente acude en masa a Candelaria, con alpargatas de toda la vida o con el último modelo de Coronel Tapioca; enteros o arrastrándose los últimos metros, sedientos, cansados, llenos de polvo, apretujados en las guaguas, durmiendo en el suelo… y con los ojos llenos de lágrimas en cuanto la Virgen de Candelaria sale a la plaza. Si esto no es un milagro, que baje Dios y lo vea…

cruano@elblogoferoz.com

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